| |
El Polen.
Hoy
el artículo no estará dedicado a la miel sino a otros
productos de la colmena, tan benéficos y perfectos como sus
productoras: las abejas.
La polinización es la función más importante y vital que las
plantas realizan para fecundarse y reproducirse. En este
proceso, el polen (elemento masculino de las flores) es
conducido a los ovarios de las plantas femeninas. Su función es
la de generar nuevos frutos y semillas y es precisamente allí
donde radican sus extraordinarias virtudes nutrientes y terapéuticas.
El polen es recogido por las abejas y transportado desde las
flores hasta el panal en una bolsita que tienen en sus patas
traseras. Un gramo de polen está formado por 125 partículas
casi invisibles: eso significa que en un kilo hay 12,5 millones
de partículas. Para llevar ese kilo al panal en un solo día se
necesita el trabajo de unas 3.000 abejas obreras, siempre y
cuando cada una realice 20 viajes.
El polen es una de esas milagrosas dádivas que el mundo animal
brinda generosamente a sus hermanos mayores. Nadie que sea
honesto puede afirmar que el polen cura todo, pero está
demostrado que actúa espléndidamente sobre buena parte de las
enfermedades más graves, al igual que la miel y la jalea real,
eslabones de una cadena a través de la cual la naturaleza
procura aferrar al hombre a la salud y al bienestar.
La miel que consume el ser humano puede tener cantidades
variables de polen puro, al que los expertos definen como un
alimento vivo y un superconcentrado que no tiene igual en la
naturaleza. Consumido en estado puro o incluido en la miel que
las abejas procesan, tiene efectos sorprendentes sobre la salud,
la fuerza física y todas las funciones orgánicas.
|
|