03/04/08

Sobre la crisis del campo

Escribe: Martín Braunstein

Soy un apicultor dedicado a la crianza y exportación de Abejas Reinas. También soy miembro de la Sociedad Rural Argentina (SRA). No soy oligarca ni terrateniente, apenas tengo una chacra de tres hectáreas en la zona rural de La Plata. Sin embargo, el Comité de Granja de la Sociedad Rural Argentina, es el ámbito al que gremial y orgullosamente represento por el rubro apícola, ante la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA) y ante el SENASA.
Me olvidada, también tengo una Toyota Hilux 4 X 4 (Modelo 2006) que estoy pagando en 36 cuotas. Si la tuve que comprar, fue porque el estado calamitoso de los caminos, me hace imperioso contar con un vehículo de estas características. No la uso para ir a comer a Puerto Madero o Palermo Hollywood, sino para poder entrar y salir del campo.
Dice la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que no negocia con extorsionadores. Si esto es cierto, por qué se dejó extorsionar por Hugo Moyano a pocos días de asumir. Su claudicación en Diciembre de 2007 ante el camionero fue total y ominosa.
Percibo con preocupación, que en muchos de los análisis acerca de la crisis del campo, existe un resentimiento hacia el sector agroindustrial. Cada frase que se emite es una de cal y una de arena, cada vez más a favor del gobierno. Parecería que estuviéramos asistiendo a una nueva lucha de clases. No obstante, no queda claro quién es el proletariado y quién es la clase dominante en esta presunta apropiación por la plusvalía rural.
No acepto como válido el argumento de que este gobierno sea el responsable de la enorme rentabilidad que se le atribuye al agro. Es más, me atrevo a afirmar que es a pesar de este gobierno nefasto y populista, que los productores rurales podemos seguir siendo competitivos. 
Además, me da la impresión que en muchas afirmaciones hay una carga ideológica y de prejuicio setentista notable. ¿Cuál es el problema de ganar dinero realizando una actividad lícita? Si la soja llegó a valer 500 dólares la tonelada cuando hace tres años valía 130 dólares, no es problema del gobierno ni de Moyano ni de D`Elía. Habrá que pagar más impuesto a las ganancias y punto.
El argumento para aumentar las retenciones a los niveles actuales es insostenible. Se habla de tipo de cambio alto. ¿Realmente puede creerse que es alto un dólar de $3,20 en un país que acumula una inflación del 100 por ciento en cuatro años mientras el dólar está casi igual?
¿Cuál es la incidencia de la soja en la canasta familiar como para castigar a los pequeños y medianos productores que arriendan sus campos, porque no tienen economía de escala como para sembrarla por sí mismos?
Si el argumento para las retenciones es mantener bajos los precios de los alimentos que Argentina exporta, entonces me parece que el problema son los sueldos miserables que la industria argentina (no competitiva) paga a los asalariados.  El día que la industria pague sueldos acordes al primer mundo, entonces no habrá alimentos caros.
Me sorprendió escuchar a la Presidenta Kirchner acusar al campo de pagar bajos salarios. Su ignorancia es supina, si no sabe donde queda ubicada La Picasa, como va a hacer para acordarse que los docentes de Santa Cruz tenían, hasta el paro de 90 días que protagonizaron el año pasado en su provincia adoptiva, un sueldo básico, en blanco, de apenas 200 pesos.
Entre el 17-08-2007 y el 16-09-2007 estuve un mes recorriendo Nueva Zelanda y Australia. Estos son verdaderos PAISES EN SERIO. La agroindustria es la verdadera columna vertebral de estas economías. Me cansé de ver calcomanías en los autos con el siguiente texto: «THANK A FARMER FOR YOUR NEXT MEAL» (Agradezca a un chacarero por su próxima comida)
Argentina está inexplicablemente perdiendo una nueva oportunidad de sumarse a los países desarrollados. Somos un caso único de autosabotaje. Creo que un psicoanalista podría explicar mejor las increíbles tendencias autodestructivas y entrópicas de nuestro país.

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