La respuesta las tienen las autoridades de fiscalización

Escribe: Luis Balladore
San Luis

Fue y es de público conocimiento el problema con nitrofurano en la china, ningún apicultor puede decir que ignoraba el problema. En Argentina la viveza criolla hizo que también estemos en la mira de los importadores por el mismo problema.
Algún día deberá acabarse esa viveza criolla, alguien debe dar el puntapié inicial. Hay una serie de leyes, ordenanzas, reglamentos, normas, que se publican para trabajar con la abejas y la miel, pero parece que no se cumplen.
En mi novel actividad apícola, realmente estoy preocupado por el futuro. Se deberá, investigar la procedencia de las mieles contaminadas, no debe ser tan difícil, ya que exigen el análisis de las mismas, cada apicultor tiene un registro en SENASA, cada apicultor sabe a quien la compra la cera, cada apicultor tiene un registro de sus actividades.
Se tiene que individualizar al responsable y aplicar las sanciones mas severas para que sea ejemplificadora de las futuras acciones.
La seguridad de la actividad apícola depende de las medidas de seguridad con que se trabaje, no debe haber perdón para quien haya cometido el acto delictivo de contaminación de un producto tan noble como la miel. Multa y hasta cárcel para quien sea responsable.
Miles de apicultores estarán agradecidos de esta medida. Miles de apicultores viven y generan trabajos para otros miles de familias que viven de los productos o subproductos. ¿Puede ser posible que todos ellos dependen de la irresponsabilidad de un demente que contamino el producto?.
La respuesta las tienen las autoridades de fiscalización .

El 1º error: Vender en "negro".
Se da una señal de baja al mercado, además de perder (y entiéndanlo bien) el 21% de todos los insumos necesarios para la producción de miel. Vendemos más barato porque incrementamos la oferta de un mercado en negro que es limitado en su volumen, frente al mercado legal que, hoy, es
ilimitado.

El 2º error: No identificamos nuestras mieles.
Esto trae como consecuencia la calificación de nuestro producto como "comodity", sin ningún valor agregado, sujeto al humor de los mercados importadores.

El 3º error: No certificamos nuestras mieles.
Por ejemplo, orgánicas, buenas prácticas de producción y manufactura, producción bajo normas ISO, Eurep-Gap y otras.
Entonces el que manda, el todopoderoso consumidor, no elige nuestra miel porque no tiene una garantía creíble y confiable de que lo que va a comer es sano, además de no pagar un precio mayor que esta garantía de calidad exige.
¡Ojo! El consumidor que compra nuestra miel es europeo.

Como consecuencia de la suma de estos errores el precio final es el que imponen los mercados importadores, más la resultante de las políticas proteccionistas que ejecutan estos países, desde ya, con todo el derecho que les asiste ya que son soberanos.

Resultado
Un año vendemos a 2,50 dólares el kilo, durante 5 años vendemos a 1,50 y en algún caso a menos de 1,00 dólar.

Otro resultado: Cuando la miel está a 2,50 dólares se incorporan inversores y los apicultores aumentamos el tamaño de nuestros apiarios, pero, como en todas las actividades agropecuarias, lo que hago hoy lo vendo el año que viene, cuando vendo, vendo barato pero compré todo caro, muy caro y mis ganancias son flacas, muy flacas, lo que significa un fracaso.
Además generamos conflictos en cantidad entre los apicultores (los famosos 1.500 metros entre apiarios!!!).

Para vender caro hay que tener qué vender, todos los años.
Estos conceptos son para discutirlos, no quieren resultar en verdades.