INFORME TÉCNICO

Anatomía de la
abeja melífera VI.

Los órganos
de los sentidos

 


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30/06/03

Canal alimentario

Los órganos mediante los cuales la abeja recibe y trasmite información a su cerebro acerca de su entorno son evidentemente muy distintos a los humanos. Por medio de la observación y la experimentación más elemental, se sabe que la abeja puede ver, oler, probar y gustar. En cambio, no hay evidencias concretas de que la abeja pueda oír. Sus órganos más importantes son, sin lugar a dudas, las antenas y los ojos compuestos, aunque también tiene otros de percepción sensorial distribuidos en todo su cuerpo. Aunque nos resulte difícil, tenemos que admitir que un insecto puede «gustar» a través de sus patas.

25- Ojo compuesto
26- Ocelos
27-Antena
 

LOS OJOS

Porción superior de la cabeza de la abeja. Se observan los ocelos (ojos simples) y los ojos compuestos en la región lateral, los que poseen abundantes sensilias. Pueden apreciarse también los primeros segmentos de las antenas.
 

Los ocelos u ojos simples no son en realidad órganos muy especializados. Un ocelo consiste en una lente sobre una capa muy simple de células retinales alargadas, conectadas con las fibras nerviosas (fig. 1). No existe allí ningún refinamiento si se lo compara con la retina de los vertebrados. Es imposible que pueda formarse una imagen y se estima que su única función es la de detectar la intensidad de la luz que recibe.

Los ojos compuestos, por el contrario, constituyen estructuras complejas. La superficie exterior es un óvalo alargado, muy convexo, formado por la lente de miles de unidades, llamadas omatidios (fig. 2).

El número de unidades de cada ojo es, sin lugar a dudas, variable. Según trabajos efectuados con mediciones y estimaciones en determinados individuos, el ojo de la obrera tiene un área aproximada de 2-6 mm² con unos 6.900 lentes y 0,2 mm de diámetro. La reina posee menos y el zángano más, aunque no tanto como cabría esperar, porque las lentes son más grandes. Cada córnea del zángano tiene alrededor de 8.600 lentes; 0,3 mm de diámetro y un área aproximada de 9 mm².


Los omatidios

Los omatidios son cuerpos alargados que se angostan en sus extremos. Se irradian en dirección perpendicular a la superficie de la córnea y de esta manera cada uno cubre un pequeño campo de visión angular. Cada omatidio consiste en una lente, detrás de la cual existe un claro y transparente cono cristalino, rodeado de células pigmentadas. Detrás del cono y en contacto con su ápice existe un conjunto de ocho células retinianas, también rodeadas de células pigmentadas.

Las células pigmentadas de los omatidios parecen servir para excluir la luz que penetra en las proximidades de los mismos, asegurándose de este modo que el estímulo sea sólo aplicado a la luz que penetra en la unidad individual.
Los bordes de las células retinianas que se unen en los ejes de los omatidios, se combinan de forma tal que componen un largo y delgado rabdoma, a la manera de una vara transparente, yendo para atrás hacia el final. El rabdoma es estriado y parece que su función es dividir la luz que lo atraviesa y va hacia las células. En el extremo proximal delgado las fibras nerviosas de cada una de las 8 células retinianas, pasan a través de la membrana basal hacia el nervio óptico del cerebro donde se cruzan y entrecruzan formando un verdadero quiasma.

Los ojos compuestos no pueden formar imágenes como las producidas por las lentes de los ojos de los animales vertebrados. Se piensa, por consiguiente, que cada omatidio detecta la intensidad de luz del campo situado inmediatamente frente a su lente y que la impresión total recibida por todo el ojo es de la misma naturaleza que un mosaico compuesto de pequeñas manchas de distinto brillo, algo así como los clisés que se veían en los diarios cuando se imprimían en sistema tipográfico.

Si bien tiene una capacidad de definición muy limitada (que se estima en un 1 % de la del ojo humano), el ojo compuesto de la abeja es suficientemente eficaz como para que el insecto pueda reconocer marcas de referencia en el terreno a medida que se aproxima a la colmena. También está capacitado como para detectar los movimientos que podrían alterar el mosaico patrón.

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