SISTEMA RESPIRATORIO

Los insectos no poseen órganos respiratorios centralizados equivalentes a los pulmones humanos. El aire penetra desde el exterior directamente a los tejidos y entra en el cuerpo por los orificios de las paredes del mismo, pasando a través de un sistema de bombas y tubos ramificados (fig. 4).

Los tubos principales reciben el nombre de tráqueas, porque se mantienen abiertos por espesamientos espiralados de cutícula que facilitan la circulación del aire. Los troncos longitudinales se expanden en grandes sacos aéreos, en especial en el abdomen, donde son realmente muy grandes. Las comisuras laterales también son gruesas, al igual que algunas ramas principales. Existen sacos similares en el extremo final del tórax y un saco alrededor del cerebro. Los sacos traqueales actúan a la manera de fuelles, que se contraen bajo la presión de la sangre que los rodea cuando el abdomen se retrae y comprime y, en cambio, se expanden cuando está extendido y dilatado.

Las rápidas y rítmicas pulsaciones del abdomen de la abeja son movimientos respiratorios. A partir de los sacos y de los troncos principales, los pequeños brazos se van ramificando hacia todas las partes del cuerpo y hacia cada órgano. La parte final, muy pequeña, no posee espesamientos espiralados y recibe el nombre de traquéola.

 

Fig. 4

El oxígeno llevado por las traquéolas se disuelve en la hemolinfa de modo que los tejidos lo aprovechan en seguida. El anhídrido carbónico resultante de la oxidación metabólica se remueve por el mismo procedimiento.

Existen diez pares de estigmas o espiráculos. El primer par está rodeado de pelos quitinosos y su válvula no se puede cerrar completamente, lo que explicaría porqué los agentes que provocan la enfermedad conocida como acariosis, pueden penetrar por este espiráculo y no por los demás. El espiráculo propodeal es el más grande. Al igual que otros situados en el abdomen, posee músculos de apertura y cierre y está situado en el extremo interior de un pequeño atrio. Durante los momentos de máxima actividad, el aire se inhala por el primer espiráculo y se exhala por el espiráculo propodeal, lo cual hace que los músculos indirectos se surtan.

Un poco de aire se inhala también por los espiráculos abdominales. Cuando el insecto se halla en reposo, el aire se toma y despide principalmente por el primer espiráculo. Los músculos de vuelo longitudinales y transversales, ubicados en el tórax, poseen una sustancia denominada citocromo que, a la vez que facilita el intercambio gaseoso, da a los músculos su característico color rosado. Los insectos son capaces de tolerar una gran concentración de anhídrido carbónico.


SISTEMA NERVIOSO

El sistema nervioso de la abeja está formado por el cerebro, un ganglio subesofágico pegado al cerebro por debajo del esófago y por una cadena nerviosa central.
El cerebro envía nervios a los ojos simples y a los compuestos, a las antenas, al labio y al cibario.

El ganglio subesofágico envía nervios a las mandíbulas y a la probóscide. La cadena nerviosa está compuesta por dos pares de ganglios, uno por cada segmento, y unidos entre sí por una comisura y las cadenas posteriores por dos conectivos (fig. 5). En cada segmento estos ganglios se unen formando una masa bilobada, de modo que desaparecen las comisuras y los conectivos toman la apariencia de un cordón. Los nervios del primer ganglio torácico van hacia las patas delanteras; los nervios del segundo ganglio torácico se dirigen hacia los músculos alares y al segundo y tercer par de patas.

En el abdomen existen otros cinco ganglios que regulan las funciones de los órganos de la respiración y también las digestivas. El último de estos ganglios se adhiere fuertemente al aparato vulnerador. En el zángano y en la reina, este ganglio controla el movimiento de los órganos reproductores y, además, en el caso de la reina, el proceso de la puesta de los huevos. Los ganglios segmentales controlan en forma independiente a sus respectivos órganos. Un insecto decapitado puede mover todavía sus patas y sus alas, aunque no es capaz de coordinar esos movimientos.

 

Fig. 5

El cerebro está dividido en tres partes, más o menos definidas (Fig. 6). La central consiste en dos lóbulos, recibe el nombre de protocerebro y está unida hacia los costados a los lóbulos ópticos; en la parte inferior se une a los lóbulos antenales periformes, denominados deutocerebro; detrás de éste se halla el tritocerebro, que es pequeño y está oculto por las otras partes. Es el que envía nervios al labro y a la frente.
Encajado en el protocerebro, debajo de los ocelos, está el corpora pedunculat, cuerpo pedunculado, también llamado cuerpo en forma de hongo.
 

Fig. 6

Juega un papel muy importante en la coordinación de las acciones del insecto a partir de la información recibida por los órganos de los sentidos; vendría a ser algo así como la central de inteligencia del animal.

El cerebro está mucho más desarrollado en la obrera que en la reina y el zángano; tiene un volumen cercano a un milímetro cúbico y posee alrededor de 850.000 células nerviosas. Si bien el cerebro del zángano parece grande, en realidad no lo es, sino que esa impresión se debe al gran desarrollo de los ojos compuestos.

Anterior