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Las
alas.
La
abeja posee dos pares de alas membranosas, ubicadas en las partes
medias y posterior de tórax.
Las de la parte media son las anteriores que se hallan mucho
más desarrolladas que las posteriores. Las alas son sacos
de paredes dobles, recorridos y reforzados por nervaduras quitinosas
y venas longitudinales y transversales, que forman una verdadera
red. Por su disposición y relación de medidas,
se utilizan para clasificar las distintas razas (índices,
alares y tarsales). Si las observamos bajo el microscopio, las
veremos cubiertas de pelos cortos. Durante el reposo se extienden
sobre el dorso de la abeja, colocándose las posteriores
bajo las anteriores. El borde anterior del ala recibe el nombre
de borde de ataque y el posterior, borde de fuga.
Durante el vuelo, las alas están ensambladas de forma
tal que constituyen una sola superficie de sustentación.
Ello es posible porque el ala anterior presenta en su parte
inferior un pliegue longitudinal estrecho a la manera de una
ranura o canal. Por su parte el borde de ataque del ala posterior
posee alrededor de |
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20 ganchos
que en el momento del vuelo abrochan con la ranura del ala
anterior, de modo de formar un todo rígido que aumenta
el rendimiento del vuelo. Cuando
se posa, la abeja desengancha las alas, que retoman su posición
natural.
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Además
de volar, las alas se utilizan para producir determinados sonidos
y para regular la temperatura interior de la colmena.
Las alas son accionadas en forma indirecta por los músculos
longitudinales y verticales ubicados en el tórax.
Dichos músculos, dos longitudinales y dos transversales,
no están adheridos directamente a las alas, sino que,
con su accionar, provocan una dilatación y contracción
del tórax (Fig. 7). |
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Fig. 7
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Se produce entonces
el movimiento de batido hacia arriba y hacia abajo, el cual impulsa
a la abeja hacia adelante.
El ritmo de batido de las alas de la abeja durante el vuelo es de
alrededor de 250 ciclos por segundo, y probablemente sea mayor durante
el vuelo acelerado. Este ritmo es demasiado alto como para que pueda
controlarlo un mecanismo neuromuscular. En realidad está
determinado por la estimulación y el estiramiento de un conjunto
de músculos y la contracción de otro conjunto opuesto.
Algunos investigadores estudiaron el límite de velocidad
que alcanza la abeja durante el vuelo y parecería que el
promedio es de 20 km/h, aunque puede llegar a 35 durante breves
períodos.
Las alas del zángano son más anchas que las de la
obrera y sus músculos más fuertes; su vuelo, por consiguiente,
es mas rápido. Al parecer sus antenas actuarían a
la manera de indicadores de velocidad y dirección de corriente.
Durante el vuelo se produce un gran consumo de energía y,
para abastecerlo, la abeja necesita ingerir gran cantidad de azúcar.
La sangre de la abeja contiene alrededor de un 2 % de azúcar.
Si dicho porcentaje se reduce a 1% la abeja no puede volar, y si
disminuye aun más, al 0,5% apenas puede mover las alas. Durante
el vuelo, el consumo de combustible aumenta 50 veces. El consumo
en vuelo es de alrededor de 10 mg/h y, por lo tanto, su autonomía
de vuelo con el estómago lleno es de sólo 15 minutos
y el alcance de 10 km. aproximadamente. La autonomía y la
distancia a recorrer se modifican si la abeja descansa, pues entonces
el glucógeno almacenado en su cuerpo se convierte en azúcar.
También influye que la abeja se reabastezca de combustible
durante la ruta.
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