Apéndices
bucales o aparato bucal
El aparato bucal de la abeja es del tipo lamedor. Se compone
del labio superior o labro, la epifaringe, oculta por el
labro, y el par de mandíbulas (fig. 4). Las mandíbulas
de la obrera son anchas en sus extremos, con forma de cuchara,
pero estrechas en el medio. Las de la reina y el zángano
son dentadas y más velludas. La epifaringe es una
pieza quitinosa, ligada a la parte interna del labro como
si fuera la parte superior de la boca. Es un órgano
sensorial y probablemente el correspondiente al gusto del
insecto.
Trompa
o probróscide
Está compuesta por las maxilas y el labio. Las maxilas
se componen de los estipites, galeas, lacinias y vestigios
de los palpos maxilares. El labio está formado por
varios segmentos: el basal, llamado posmentón es
triangular y está unido al centro o parte media del
lorum. A él se une el amplio y rectangular prementón,
ligado a la lengua media; esta es producto de la combinación
de la glosa y la paraglosa, que incluye la base de la glosa.
A la base del prementón se hallan unidos los cuatro
segmentados palpos labiales. La unión de los maxilares
con los palpos labiales forma un tubo por donde se mueve
la lengua o glosa. El conjunto recibe el nombre de probróscide
o trompa.
La lengua está formada por un gran número
de anillos y cubierta de pelos quitinosos colocados en filas
transversales que cambian, sucesivamente, de longitud y
forma hasta ser muy finos y sensibles en su extremo. Termina
en un botón o plumón llamado labello que se
pliega hacia atrás cuando la abeja lame.
La lengua no es un tubo sino un canal, cuyos bordes pueden
unirse formando un tubo. Si fuera directamente un tubo,
podría obstruirse con granos de polen en especial
si estuvieran untados con miel. La naturaleza no sólo
ha provisto a la abeja de una lengua en forma de canal,
sino que también, al poder separar los bordes, facilita
su limpieza. |
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Fig. 4
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