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ESTRUCTURA
DE LA CABEZA
La cabeza
de la abeja melífera vista de frente es triangular,
achatada de atrás hacia adelante, algo cóncava
en la superficie posterior (Fig.3) y se encuentra unida
al tórax por un cuello angosto membranoso.
Los
ángulos laterales están cubiertos por los
ojos compuestos y encima de la cabeza existen tres ocelos.
Las antenas nacen muy juntas, cerca del centro de la cara.
Debajo de sus bases hay una hendidura prominente, arqueada,
que pone de relieve un área importante, conocida
como clípeo. De su margen inferior se tiene suspendido
un colgajo ancho y movible: el labro.
Adherido
al costado en la parte inferior de la cabeza, detrás
del labro, se encuentran dos mandíbulas parecidas
a los maxilares; detrás de aquéllas, vistas
mejor desde atrás de la cabeza (Fig.3) están
suspendidas las dos maxilas y el labio medio.
La larga
parte distal de los maxilares y labio, se proyectan hacia
abajo o se doblan hacia atrás, por debajo y detrás
de la cabeza pero en su posición funcional se juntan
para formar una probóscide tubular para alimentarse
con líquidos. (Fig. 3b) |
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Fig.
3 |
25. Ojo compuesto / 26. Vértice - Ocelos / 27. Antena /
28. Fosa
29. Labro / 30. Palpo del maxilar / 31. Ala del maxilar
32. Palpo labial / 34. Glosa / 35. Labella o botón.
En la
parte de atrás de la cabeza, como se ve cuando se encuentra
separada del cuerpo (Fig. 3), hay una abertura central, el
foramen del cuello, que comunica la cavidad de la cabeza con
la del cuerpo y que da pasaje al esófago, los nervios,
vasos sanguíneos, tubos respiratorios y conducto salivar.
Debajo del foramen, en forma recortada, se encuentra una incisión
grande en forma de herradura con una base membranosa, donde
están implantadas las bases largas de los maxilares
y labio. Por eso se llama a esta depresión Fosa de
la Probóscide.
Internamente, las paredes de la cabeza se hallan reforzadas
con dos barras grandes que se extienden por la cavidad de
la cabeza, desde los costados del foramen del cuello hasta
las hendiduras de la cara a los costados del clípeo.
Las puntas posteriores de las barras están conectadas
en forma de puente por una fina varilla cruzada, que puede
verse desde atrás, justo dentro del foramen del cuello.
Las barras y el puente que las conecta constituyen el tentorio. |
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Fig.
3b |
Fig.
3b: 31. Ala del maxilar / 32. Palpo labial / 33. Canal de la glosa
/ 34. Glosa
Aunque
la cabeza de un insecto tiene una estructura parecida al cráneo,
con paredes continuas, su desarrollo embrionario muestra que está
formado por la unión íntima de varios segmentos
iguales a los del tórax y del abdomen. La estructura de
los segmentos de la cabeza, por otra parte, se encuentra confirmada
por el hecho de que la cabeza lleva cuatro pares de apéndices.
Estos apéndices son las antenas, las mandíbulas
o quijadas del insecto, las maxilas y el labio, que representan
un segundo par de maxilares unidos. En las abejas los maxilares
y el labio forman en conjunto la probóscide, un órgano
que facilita la alimentación con líquidos. La cabeza
también lleva los ojos; generalmente un par de grandes
ojos compuestos laterales y entre éstos hay tres ojos pequeños
simples llamados ocelos.
Antenas
Las antenas son apéndices con libre movilidad, con
sus bases que encajan dentro de una pequeña área
membranosa de la pared de la cabeza (Fig.5). Cada antena gira
sobre un solo punto de articulación del borde de la
base y está provista de cuatro músculos que
salen del tentorio del mismo lado de la cabeza. Cada apéndice
tiene además una unión, parecida a un codo,
entre su segmento basal, o escapo y la parte flexible distal
llamada el flagelo. El escapo de la antena de los zánganos
es más corto que el de las obreras, pero el flagelo
del zángano es mucho más largo y consta de 12
artejos cortos mientras que la obrera y la reina solamente
tienen 11. |
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Fig.
5
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Las antenas
son órganos sensoriales importantes. Cada apéndice
es recorrido internamente por un nervio doble y grande desde el
cerebro. El flagelo está cubierto por pequeños pelos
inervados y otras estructuras sensoriales diminutas de varios
tipos. Es difícil determinar la función de cada
variedad de órganos de los sentidos, pero las antenas responden
particularmente a estímulos del tacto y del olfato
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