CIENCIA APICOLA
Las abejas como indicadores ambientales

Portal Apícola |Lunes 15 de Febrero de 2010
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El monitoreo ambiental mediante colmenas es uno de los posibles usos de la apicultura, mucho menos conocido que las producciones tradicionales, pero no menos importante.

El objetivo principal de estas colmenas es permitir una mejor observabilidad de su comportamiento y actividad biológica, la toma de datos de los distintos sensores colocados en las mismas y  la recolección de muestras de las distintas matrices que nos ofrece Apis mellifera tales como cera, miel, polen, propóleos y la propia abeja.
También puede considerarse uno de los mejores bioindicadores de la degradación ambiental debido a la infinidad de bibliografía que describe claramente el desarrollo de una colmena en diferentes épocas, climas o circunstancias durante los últimos ciento cincuenta años a diferencia de otros insectos, peces o plantas que suelen utilizarse como indicadores biológicos.
El monitoreo del medio ambiente urbano e industrial requiere de técnicas cada vez mas costosas y complejas, por lo tanto resulta muy interesante el desarrollo de  una técnica sencilla y con grandes perspectivas como es el estudio de los productos de la colmena y el comportamiento de las abejas en los lugares a monitorear, señala un estudio desarrollado por Gustavo Gorza.
La abeja es un autentico detector ecológico: es un organismo casi ubicuo, su cuerpo esta cubierto de pelos que ayudan a capturar las substancias que entran en contacto con ellos, es sensible a muchos productos tóxicos y visitan todos los sectores ambientales: suelo, vegetación, aire y agua, y almacenan gran diversidad de productos en las colmenas sobre las que realizar las verificaciones.
El biomonitoreo proporciona una herramienta única, que lo diferencia sensiblemente de los sistemas mecánicos de monitoreo ambiental, y esta diferencia radica en la posibilidad de integrar en el tiempo el flujo de contaminantes al que se ven expuestos los organismos. En el caso de Apis mellifera esto se reflejaría en la acumulación de contaminantes no sólo en el insecto, sino también en los productos de la colmena: miel, cera, polen y propóleos. Esto último constituye una innovación, ya que en la actualidad no existe en nuestro medio otra forma de medir acumulación de contaminantes a lo largo de un determinado período; los métodos actuales sólo indican la contaminación puntual en el momento de la medición.

El biomonitoreo proporciona una herramienta única, que lo diferencia sensiblemente de los sistemas mecánicos de monitoreo ambiental, y esta diferencia radica en la posibilidad de integrar en el tiempo el flujo de contaminantes al que se ven expuestos los organismos.



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