CONTAMINACIÓN
La apicultura amenazada por la utilización de plaguicidas

Portal Apícola (29/09/08) El modelo agropecuario basado en la deforestación, el monocultivo de soja, el uso de variedades transgénicas y la aplicación de herbicidas, insecticidas y fungicidas aparecen como problemas sin solución para el sector apícola.


La suspensión del uso de plaguicidas

Desde Alemania se informó que en treinta abejas examinadas se hallaron productos químicos utilizados en el tratamiento de semillas.
El análisis y la toma de decisiones fueron claros. Ante la evidencia de una relación entre el uso de estos plaguicidas y la mortandad de abejas se tomó la decisión de suspender la aprobación, que impide su utilización.


En Argentina las cosas son diferentes, los testimonios de productores apícolas tanto de la zona pampeana como de la zona extrapampeana dan cuenta de la mortandad de abejas, disminución de la población en las colmenas y consecuente caída en la producción de miel. Esta situación se relaciona con el modelo agropecuario llevado adelante por los productores basado en la deforestación, el monocultivo de soja, la utilización de variedades transgénicas y la aplicación de herbicidas, insecticidas y fungicidas, señala un articulo elaborado por el Coordinador Regional de la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas de América Latina, Javier Souza Casadinho.
Obviamente la deforestación determina en primer lugar la existencia de menos árboles y arbustos afectando además a las hierbas que crecen a su alrededor, lo cual implica que las abejas encuentren menos alimento.
El avance de la soja junto a la utilización de agroquímicos - aplicados tanto por vía aérea como por vía terrestre - y la ausencia de rotaciones, por ejemplo con girasol, determinan una simplificación de los agroecosistemas. Se reduce la biodiversidad en general y la relativa a los vegetales en particular, es decir las plantas cultivadas y silvestres que puedan alimentar a las abejas.
Ésta situación implica una dificultad para los apicultores en su objetivo de obtener campos con flora apícola. Así es frecuente escuchar frases como; “ya no sabemos dónde poner las colmenas frente al avance de la soja”.
Por otra aparte el uso continuo de insecticidas moderadamente tóxicos para las abejas como el endosulfan y altamente tóxicos para ellas como el imidacloprid, el clorpirifos y el fipronil determinan una mayor mortandad de las colonias.
El uso permanente de éstos plaguicidas genera resistencia en los insectos perjudiciales – chinches, gusanos, pulgones – determinando, en un círculo vicioso, una mayor utilización mediante el incremento en el número de aplicaciones y las dosis. Dado que las aplicaciones se realizan permanentemente a lo largo de ciclo de cultivo y que suele no comunicare esta práctica a los apicultores, la mortandad se produce en diferentes épocas. Así los productores afirman, “A veces te encontrás que la colmena esta llena de miel pero no hay abejas, no las encontrás, murieron en una fumigación”.

Los plaguicidas utilizados en Argentina y su impacto en la apicultura

El principal herbicida utilizado en Argentina es el Glifosato, de éste producto se utilizan más de 250 millones de litros al año. Éste tóxico también afecta a los insectos benéficos de las especies polinizadoras.
El insecticida de mayor uso en Argentina es el Endosulfan. Este producto clasificado químicamente como organoclorado, actúa sobre insectos por contacto e ingestión, aunque con altas temperaturas puede actuar por inhalación. Siendo extremadamente tóxico para peces, posee como restricción evitar el uso en las cercanías de cursos de agua. Es moderadamente tóxico para abejas y aves. Esta catalogado en Argentina como producto clase Ib, producto muy peligroso.
El insecticida llamado Imidacloprid, considerado como moderadamente peligroso para los seres humanos - clase II -, posee un posible impacto en las poblaciones de abejas, bloqueando los elementos del sistema nervioso. Se trata de un insecticida que actúa por contacto y de manera sistémica.
En Argentina este plaguicida es comercializado por la empresa Bayer S.A. bajo las denominaciones Confidor y Gaucho. Se lo suele usar aplicado sobre suelos, semillas y hojas de vegetales, tratando de controlar pulgones, saltamontes, chinches, moscas bancas y trips.
Según la hoja de datos de la agencia de protección ambiental de Estados Unidos (EPA) se trata de un veneno no selectivo altamente tóxico para abejas silvestres. Dado su impacto algunos países determinaron restricciones y prohibiciones de uso; por ejemplo Francia puso restricciones para el uso del plaguicida Gaucho desde 1990, suspendiéndose su utilización en los cultivos de girasol desde 1999, posición ratificada en el año 2003.
Otro plaguicida tóxico para las abejas es el Fipronil – moderadamente peligroso para seres humanos clase II-, comercializado en Argentina por las empresas BASF Argentina – bajo los nombres Blitz y Clap- y Bayer S.A. – bajo los nombres comerciales Chipco Choice y Formidor. Suele utilizarse para combatir langostas, gusanos, pulgones, moscas y termitas.
Es un plaguicida con efectos neurotóxicos sobre mamíferos; ensayos realizados en laboratorio determinaron la presencia de irritación en la piel de gatos y perros.
Otro producto tóxico es el Clotianidin, insecticida de contacto, ingestión y sistémico, utilizado en el tratamiento de semillas. Es categorizado en la Argentina como moderadamente peligroso – Clase II -. Se trata de un producto altamente tóxico para las abejas, en la Argentina es comercializado con el nombre de Poncho por la empresa Bayer S.A.
El modelo agrícola vigente basado en el monocultivo de soja altamente demandante de plaguicidas, no solo deja sin alimento a las abejas sino que estos plaguicidas provocan mortandad de poblaciones enteras. Ya sean aplicados a las semillas con anterioridad a su siembra como en diferentes etapas del cultivo de los vegetales, pueden alcanzar tanto a las abejas como a su alimento.
En estos casos medidas como tapar las piqueras durante la aplicación con arpillera húmeda, asperjar durante la noche o fuera del horario del pecoreo de las abejas no se han mostrado eficaces, ya sea porque no se cumple con el sistema de alarma y de aviso a los productores como así también por la persistencia de estos productos sobre el ambiente, vegetales incluidos.

Pensando en el futuro ¿Qué podemos hacer?

En primer lugar informarnos sobre el accionar de estos plaguicidas sobre el ambiente y dentro del mismo sobre las abejas y los seres humanos. Luego actuar, a partir del lugar que ocupemos. Debemos luchar por la puesta en práctica de un modelo de desarrollo agropecuario alternativo basado en el respeto del ambiente, seres humanos incluidos. En este caso la agroecología aparece como una propuesta adecuada desde el punto de vista ecológico y viable desde el punto de vista económico.
En lo inmediato debemos hacer todo lo posible para que estos productos, altamente tóxicos, no sean utilizados por ningún productor. Por ello convocamos a las organizaciones de productores, de consumidores, a los centros de investigación, a las organizaciones ambientalistas, a las escuelas y a todos aquellos que se sientan incluidos en la propuesta a investigar sobre el impacto de los plaguicidas en la apicultura y a generar propuestas de acción tanto para prohibir estos productos como para generar y llevar a la práctica sistemas de cultivos respetuosos del ambiente.