Si bien es cierto que la abeja puede subsistir sin la ayuda del hombre, a nivel comercial, la cría de abejas, busca maximizar los rindes y las ganancias.
Las colonias de abejas tienen momentos de abundante y equilibrado suministro natural de alimentos y en ocasiones, a veces muy frecuentes, grandes déficit de algunos de los nutrientes que su organismo requiere, señala en su artículo sobre manejo de otoñada Orlando Valega, apicultor de Apícola Don Guillermo.
Premisas para una buena invernada
>> Buena ventilación interna.
>> Abundantes reservas energéticas (miel).
>> Buenas reservas de proteínas (corporales).
>> Colmenas bien soleadas, ventiladas.
>>Sanidad asegurada. |
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A los nutrientes necesarios para un normal desenvolvimiento de la colonia de abejas los podemos separar en dos grupos:
“Nutrientes Calóricos” que proveen de la energía imprescindible que el organismo requiere para cumplir con las funciones vitales, y los alimentos que en definitiva formaran en mayor o menor medida los órganos y tejidos de la abeja, me refiero a los “nutrientes proteicos”.
A los alimentos calóricos, las abejas los consiguen en la naturaleza, principalmente del néctar de las flores, de las secreciones de ciertas plantas y de las excreciones de ciertos insectos (hemípteros, pulgones, cochinillas etc.).
Los nutrientes proteicos los consigue del polen de las flores.
No sólo debemos tener en cuenta que hay momentos en que disminuyen la oferta de los nutrientes naturales sino que también varían las necesidades de estos nutrientes por parte de la colonia de abejas según la época del año y del estado de desarrollo del nido.
Alimentación proteica
Si bien la colonia requiere para su normal desarrollo de un abastecimiento constante de nutrientes proteicos, hay etapas del ciclo evolutivo de la colonia en que requieren más proteínas que en otras. Si en esos momentos llegara a faltar o a recibir un aporte deficitario en cantidad o calidad de las proteínas, la supervivencia de la colonia puede ponerse en riesgo. Una de esas etapas o circunstancias de máxima exigencia corporal es cuando la colonia va a ingresar a la invernada, después de haber sufrido un gran desgaste en la zafra de verano. En este momento comienza a declinar la postura y las abejas obreras necesitan acumular proteínas para prolongar su juventud, capacidad de segregar jalea real, hasta la primavera siguiente. Mientras las obreras de verano tienen un periodo juvenil de 21 días y una vida útil de 45 a 60 días, en invierno su estado juvenil se debe prolongar hasta los nuevos nacimientos de las larvas a la salida del invierno y su vida útil debe llegar hasta los 6 meses en algunos lugares muy fríos. Muchos piensan que las reservas de proteínas para pasar el invierno quedan en la forma de polen en los panales, pero las abejas no acumulan polen para más de 5 ó 6 días de sus requerimientos, y en realidad, las reservas de proteínas de la colonia están en su organismo. Se las denomina; proteínas corporales.
Después de la mielada de verano, en los inicios del otoño, con las alzas melarias con reserva suficiente para pasar el invierno, la reina comienza a disminuir la intensidad de la postura y simultáneamente van muriendo las abejas viejas agotadas por la ardua tarea del pecoreo intensivo del verano. A medida que disminuye el trabajo de pecoreo, también disminuye la actividad de las nodrizas que ya no tienen que alimentar tanta cría. El desgaste de proteínas corporales disminuye y se acumula en las abejas nuevas, que a medida que no tienen que alimentar más larvas van adquiriendo mayor fortaleza y dotación de reservas adiposas y proteicas que redundarán en una mayor longevidad de las mismas. Ya se trató este tema en varias oportunidades. Aquí trataré de analizar cual es el mejor manejo para lograr que esas abejas longevas sean de una óptima calidad y así puedan llegar a la primavera siguiente en condiciones de alimentar con jalea real a las nuevas crías.
Las larvas son alimentadas con una ración de jalea real los tres primeros días y después con una dieta rica en proteínas hecha con polen, jalea y miel, pero después de que nacen las abejas todavía necesitan una alimentación con alto contenido proteico provisto por el polen que utilizan en su alimentación. Es evidente que tanto la nutrición de las nodrizas que alimentan las larvas que se transformarán en las abejas longevas, como la alimentación de estas, hasta llegar a la etapa de abejas adultas son de vital importancia para un correcto despegue primaveral.
Se dijo también que las abejas acumulan poco polen, apenas para unos pocos días, pero acumulan proteínas en forma de proteínas corporales, de allí la importancia de la alimentación de otoño. Una buena alimentación significa una buena invernada y buen despegue primaveral.
Es evidente que para pasar el invierno y por sobre todo para cumplir con la agotadora tarea de reiniciar el ciclo de reproducción primaveral se requiere de gran cantidad de reservas energéticas que en la colmena se la encuentran en forma de miel.
Una buena nutrición es muy importante para una buena invernada, pero si se descuida el aspecto sanitario y la colonia se infesta con nosemosis, por más reservas que le dejemos a la colonia, esta no va a poder desarrollarse en la primavera o lo que sería lo mismo, una tasa alta de infesta de varroa puede producir la pérdida de la colonia por debilitamiento de las abejas o por el efecto de enfermedades asociadas a varroa como son las virosis.
La varroa se debe controlar si la tasa de infesta es alta y lo justifica. Y para evitar la nosemosis debemos colocar a las colmenas en lugares soleados y con buena ventilación.
Resumiendo, para una buena invernada se debe asegurar una buena alimentación proteica de todos los ciclos de vida de las abejas a fin de dotarlas de una buena tasa de proteína corporal. Es muy probable que no sea una mala inversión aportar suplementos proteicos o sustitutos de polen a las colmenas en el periodo otoñal a fin de asegurar una muy buena nutrición de las abejas longevas.
Se debe dejar como mínimo un alza de miel de reserva y así mismo revisar las colmenas en la pre-primavera a fin de asegurar que a ninguna le falte alimentación calórica.
Se debe hacer un testeo de la prevalencia de varroa y si fuera necesario, hacer un tratamiento.
Dejar suficiente espacio para ventilar la colmena por dentro. Puede ser de gran utilidad dejar las alzas vacías sobre la colmena para que las cuiden de las polillas y a su vez que aporten espacio para la correcta ventilación de la colonia.
Las piqueras, si no hay pillaje se pueden dejar abiertas y así las mismas abejas cerrarán con propóleos la entrada de tal forma que la proteja pero permita la correcta ventilación.
Por ninguna razón invernar colonias débiles.
Si son colonias venidas a menos después de la cosecha y que no se recuperan se las puede fusionar con núcleos con reinas nuevas y en un paso, cambiamos la reina y fortalecemos la colonia. Para fusionarlas se coloca a las dos colonias juntas con las piqueras en sentido opuestos, y después de un par de días se elimina la reina venida a menos y se las junta sin más tramite que colocar los cuadros de cría al medio y las reservas a los costados. Sin anestesia y jamás tendrán problemas si la reina del núcleo tiene más de un mes de postura.
Es muy importante disponer siempre de panales con miel para asistir a las colonias que se fusionaron.
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