MANEJO
Preparación para la invernada


Portal Apícola (16/05/08) Una buena alimentación, control de reservas y revisión del estado sanitario de las colmenas, son tareas esenciales durante la otoñada, para lograr una buena cosecha de miel.


Para producir una buena cosecha de miel en una campaña se ha de comenzar con una buena preparación de las colmenas en la otoñada anterior. Si las abejas tienen una buena floración, o en su defecto una buena alimentación de otoño, entrarán en la invernada con dos componentes fundamentales: una generación de abejas jóvenes que llevan una buena reserva de grasa en sus cuerpos adiposos del abdomen, y una buena reserva de miel en la colmena, señala en su artículo, el Licenciado Antonio Gómez Pajuelo.
Si se dan estas condiciones, estarán preparadas para aguantar mejor las condiciones duras del invierno durante más tiempo, y cuando comience la primavera, esas colmenas aumentarán de población y llegarán a situación de cosecha antes y en mejores condiciones.
Para ello, al inicio de la otoñada, antes de que entre el invierno, las colonias se han de preparar lo mejor posible. Ello implica:
- El control de las reservas de miel y polen
- El control de la población de abejas y cría
- El control del estado sanitario de las colmenas, Nosema y Varroa.
- Revisiones generales del equipamiento, acceso a los colmenares, entre otros.

Reservas de miel y polen

Todos sabemos que la dieta de las abejas se basa en dos productos: la miel y el polen.
La miel, o las mieles, aportan los hidratos de carbono, también llamados azúcares. Son el combustible que quemamos los seres vivos para nuestra actividad muscular y cerebral. Nuestros organismos los “carnean“ en moléculas más pequeñas, que utilizan para construir otras estructuras corporales; o, si ingresamos más de lo que gastamos, las “empacan”, trasformándolas en grasas “internas”, en los tejidos de reserva, para su uso posterior (adipocitos, realmente “trofocitos” en las abejas, Paes de Oliveira 2003).
Estas grasas de reserva también se utilizan para la fabricación de sustancias defensivas del sistema inmunitario, hormonas, cera, el mantenimiento de la cubierta de los nervios, etc.
El polen, los pólenes, aportan todas las proteínas (15 por ciento) y grasas “externas” (5 por ciento) de la dieta de las abejas y la mayor parte de los aminoácidos. Los aminoácidos son pequeñas moléculas nitrogenadas con las que la química interna



de los seres vivos construye otras mayores, los péptidos. Estos también son agrupados entre sí y con otras moléculas de azúcares o grasas para formar las proteínas “internas”.
Las moléculas de proteínas y grasas que contiene el polen siguen, en la digestión, el camino inverso: son “carneadas” y sus elementos reorganizados para formar otros compuestos “internos” utilizables en diferentes funciones del organismo de la abeja.

Las sustancias obtenidas en la digestión del polen tienen una gran variedad de funciones en las abejas: intervienen en la formación de los músculos, los tejidos de soporte (tendones, el esqueleto externo o “caparazón” en las abejas), las secreciones digestivas (enzimas), las hormonas, los sistemas defensivos (inmunológicos), los genes de los cromosomas (ADN), las células nuevas que reponen a las dañadas en los tejidos, la catalización de la producción de cera y de otros muchos procesos.
Algunos de los compuestos que intervienen en esos procesos químicos internos del organismo de las abejas no son “construíbles” a partir de los productos obtenidos en la digestión. Han de ser ingresados en el organismo con su estructura propia, en la dieta; a estos se les llama compuestos esenciales, “vitaminas”.
De la veintena de aminoácidos que utiliza el organismo de la abeja hay una decena que son esenciales. Algunas plantas, como el eucalipto, no tienen alguno de estos componentes (lisina en este caso), por lo que si las abejas solo comen su polen durante un tiempo largo acaban teniendo problemas de salud relacionados con ese desequilibrio alimentario.
Con respecto al contenido en grasas pasa lo mismo, algunos eucaliptos no tienen, la flor morada tiene mucha. Y lo mismo puede decirse de las vitaminas.
Una clasificación de algunos pólenes por su contenido de proteínas puede verse en la (Tabla 1).

Dieta variada y suficiente

Lo fundamental es que haya una dieta variada y suficiente, para que sea equilibrada en todos los componentes necesarios, que habrán de estar en un radio posible para las abejas (lo normal, a menos de 2 Km., pero llegan bien a 3 km. en caso de apuro).
Cuando las abejas padecen falta de miel, falla el suministro de hidratos de carbono y no pueden producir energía, sobre todo calor, y disminuye su capacidad de mantener 35 grados constantes en la zona de cría, es decir, se ve afectada la cría, llegando a su paralización. Si el problema continúa y se hace más grave, la temperatura de los panales que ocupan va disminuyendo, lo que vuelve más lentas todas las reacciones químicas de sus cuerpos; las trasmisiones eléctricas de los nervios (lo que ralentiza sus movimientos y su coordinación), la respiración, los movimientos musculares (lo que acentúa la disminución de la temperatura).
Finalmente, cuando se llega a la frontera aproximada de los 12 grados centígrados, las abejas quedan totalmente paralizadas por el frío y mueren, formando un grupo arracimado, introducidas de cabeza en las celdillas, en un intento desesperado de conservar mejor sus últimas calorías. Casi todos lo hemos visto alguna vez.
Cuando las abejas padecen falta de polen, bien porque no haya, o porque el que hay no tiene los nutrientes adecuados, las reacciones químicas de formación de grasa a partir de los hidratos de carbono no se da, ni la de las hormonas y enzimas que controlan procesos importantes, como son la fabricación de jugos digestivos, el sistema inmunológico, el aislamiento de los conductos nerviosos, la producción de jalea real (con lo que paralizarán la cría), y la producción de cera.
La falta de polen, también provoca en el organismo de las abejas “hambre de proteínas”, lo que tratan de solucionar sacando las proteínas que no encuentra en sus reservas corporales de donde las haya, de los tejidos menos vitales, fundamentalmente de los músculos y los intestinos. Se puede decir que el cuerpo “se come a sí mismo”. Esto provoca una disminución del peso corporal, que puede llegar a un 50 por ciento de su valor normal. Finalmente, sólo quedan las proteínas de los órganos vitales y un mínimo de grasa que es imprescindible para el mantenimiento del nivel de las principales hormonas y el aislamiento de las terminaciones nerviosas que transmiten impulsos entre los tejidos, los órganos y los ganglios cerebrales.
En este estado, las abejas pueden desaparecer con facilidad en el campo el día que puedan salir. Las que quedan en la colmena pueden presentar los mismos síntomas de desproteinización y destrucción de tejidos digestivos que si hubieran estado parasitadas por nosema, que es otra manera de perder proteínas (Nosema se las come para reproducirse).
Otro elemento imprescindible para la supervivencia es el agua. Los dos tercios de la mayor parte de los organismos vivos son agua (en algunos más). El agua interviene en las reacciones químicas que mantienen la vida, como disolvente y también como refrigerante. En las reacciones químicas del organismo se produce calor, y si este no es eliminado, la temperatura corporal iría subiendo poco a poco hasta “freír” a las abejas por dentro.
Cuando no haya una floración variada de otoño, que facilite el nacimiento de una nueva generación de abejas que hayan recibido una buena alimentación en su fase larvaria, y que proporcione reservas a la colonia para el consumo y la “recarga” de las abejas, debemos recurrir a la alimentación artificial. Esta ha de ser, como la natural, suficiente en cantidad y variación de los aportes. Y ha de comenzar a plantearse, y realizarse si es preciso, en la otoñada, para hacer ese papel de renovación poblacional de la colonia.
Demasiadas reservas de miel tampoco es bueno, la miel es fría para el invierno, la temperatura del racimo (mínimo unos 12 grados) se trasmite peor a través de ella que mediante los panales de cera vacía, y dentro de estos panales mejor a través de la cera nueva que de la cera vieja.
El aporte de sustitución o complementación del polen debe hacerse evaluando previamente las disposiciones de este producto en cantidad y calidad.
Estos aportes no harán falta cuando veamos, al principio de la otoñada, que hay cría, que esta tiene un cerco de polen de al menos un par de centímetros, y que donde acaba la cría hay al menos una cara de polen, y que este es de colores variados, lo que indica diferentes orígenes botánicos.
Si hay cría y polen pero este es de un solo color, según las experiencias que tengamos de la zona hemos de pensar en complementarlo con alguno de los polivitamínicos del mercado, que perfeccionará la dieta en vitaminas y aminoácidos esenciales (revisar su composición para verificarlo) aplicado de la forma adecuada en cada caso.
Si en la otoñada hay poca cría, o se aprecia escasez en las reservas de polen, o falta la cría, no es suficiente con el aporte del suplemento vitamínico, hemos de pensar en un sustituto de polen. Pueden utilizarse mezclas de levadura de cerveza (aporte de vitaminas y proteínas) y harina de soja (proteínas más baratas), mezcladas más o menos a partes iguales (han de ser micronizadas, finamente molidas, a tamaño inferior a 0,2 mm).

Población de abejas y cría

Otro factor de calidad de la invernada va a ser que la población de abejas sea suficiente para mantener las constantes vitales del enjambre hasta la llegada del buen tiempo. Cuando una colonia no llega a esos mínimos se fusiona con otra.
El espacio interno se suele reducir al que las abejas puedan cubrir más las reservas que puedan necesitar. Para ello se eliminan las alzas e incluso los cuadros sobrantes de la cámara de cría. El espacio vacío puede quedar cubierto mediante separadores de madera que vayan de pared a pared, o incluso mediante plásticos gruesos.
Cuando el aspecto de la cría no es adecuado, por problemas sanitarios, altos fallos de supervivencia, puesta múltiple (reina vieja o abejas ponedoras) la colmena debe ser eliminada. A lo sumo se aprovechan las abejas; para ello se ahuma y las abejas son sacudidas en el colmenar para que entren en otras colmenas; la suya es cerrada y retirada inmediatamente, para evitar que se empeñen en entrar en ella. El material retirado es rascado y desinfectado antes de su almacenamiento para su uso posterior.


Cuadros españoles, lugar donde Antonio Gomez Pajuelo ha realizado su artículo

Controles sanitarios, Nosema y Varroa

Un aspecto importantísimo para una buena invernada de las abejas es el control de enfermedades, particularmente de nosema y varroa.
Ante cualquier sospecha de nosemosis es importante tomar una muestra de abejas y enviarla a un laboratorio especializado que pueda hacer un diagnóstico que nos permita tomar una decisión sobre tratar o no contra este microorganismo.
En mi experiencia sólo es preciso hacer este tratamiento en las zonas, años y colmenares en que se presente el problema, no por sistema, ni preventivamente.
También en mi experiencia la reciente identificación de Nosema ceranae, especie diferente a la tradicional Nosema apis, no ha aportado más problemas a las colmenas de los que ya tenían.
Opino que en la mayor parte de los casos las desapariciones de colmenas detectadas en los últimos años, y los mayores daños sufridos por las colmenas por Nosemiasis, de uno u otro tipo, están más asociados a malas otoñadas por meteorologías desfavorables, con los problemas nutricionales en una época crítica que esto comporta, que a cualquier otro factor. Una buena alimentación otoñal aleja la mayor parte del riesgo de desaparición de colmenas y de daños por nosema.
La situación de Varroa es diferente. En el otoño, con la disminución de la cría, la población de varroa se concentra más en esta, aumentando el daño que hace y disminuyendo las posibilidades de la colonia de entrar bien en el invierno.
Por ello se impone un control de la población de varroa, con los medios al alcance de cada cual. En esta época, además puede hacerse un tratamiento más drástico que en primavera, ya que el riesgo de residuos en la miel es menor.
Para ello suelen utilizarse diferentes materias activas:

- Amitraz: Sigue siendo la más segura; se utiliza como tiras plásticas impregnadas, “APIVAR”, registro sanitario contra la varroa de las abejas, y con formulaciones artesanales de los restos de stocks que aún quedan en el mercado (el amitraz de uso agrícola está retirado del mercado de la UE desde verano 2005).
- Coumafos: Acaba de aparecer el otoño 2007 en el mercado español, con la importación controlada de “CHECK MITE”; de momento su eficacia es buena.
- Piretroides: Hay dos registrados en el mercado apícola español, fluvalinato, como “APISTAN”, y flumetrina, como “BAYVAROL”; ambos presentan problemas de resistencia, más o menos importantes en cada caso, por lo que su uso no es muy seguro, o, al menos, lo cual es una norma general, se ha de verificar su efectividad después de su uso. También hay tratamientos artesanales con preparados para la agricultura en base a estas moléculas y a otras parecidas, como las acrinatrinas.
- Timol: También se utiliza en la apicultura española, en primavera y otoño, sobre todo en las explotaciones orgánicas, y cuando las temperaturas externas se sitúan en la época de uso entre 15 y 30 º C.
- Ácido fórmico: Se usa en verano, con temperaturas altas.
-Ácido oxálico: Recientemente también ha sido registrado para tratamiento otoñal un preparado con este ácido, “ECOXAL”, para usar en ausencia de cría, aplicado en solución con jarabe, mojando a las abejas.

Otras consideraciones

Una vez controlada la situación interna de las colmenas: reservas, población y situación sanitaria, sólo queda revisar los aspectos externos.
Las colmenas, los envases, que tengan defectos estructurales, roturas importantes, piezas defectuosas… son sustituidas por otras en mejores condiciones y reparadas, si es posible, y reutilizadas, después de rascadas y desinfectadas.
Los accesos a los asentamientos son revisados y reparados si es necesario, para facilitar el acceso en la temporada meteorológicamente adversa que se nos aproxima.
Otro aspecto secundario de la otoñada, pero importante para la explotación, es ponerse en contacto o visitar a los propietarios y encargados de los asentamientos que se van a utilizar en invierno, tanto si se van a ocupar ese año como si no, y hacerles llegar la aportación acordada… y algún detalle más (miel, algún producto de nuestra zona…), para conservar la relación y garantizar su accesibilidad.
Y ya sólo queda encomendarse a quien mejor crea cada uno y esperar que la naturaleza ayude a que nuestros planes salgan como teníamos previsto.