RESEÑA APÍCOLA
Nuevos Paradigmas en la Crianza de Reinas

Portal Apícola (18/12/07)
A partir de 1980 la varroa comenzó a expandirse a nivel mundial y la crianza de reinas ya no apuntó solamente a suministrar abejas reinas jóvenes y productivas, sino además a proveer abejas genéticamente resistentes a enfermedades. (Parte II)

Etapas en la crianza selectiva

Entre 1984 y 2007 podrían señalarse las siguientes etapas en cuanto a crianza selectiva:

-Importación de abejas británicas en 1987 por el Dr. Roger Morse (Universidad De Cornell) para controlar los estragos causados por los
ácaros traqueales.

-Importación de abejas yugoslavas en 1990 para introducir características de resistencia hacia varroa. Esto fue intentado por el USDA en Baton Rouge (Lousiana).

-Importación de abejas rusas de la región de Primorski, que fue donde primero tomaron contacto las abejas europeas con Varroa.

-Desarrollo de las abejas SMR (Suppresed Mite Reproduction) que han cambiado en la actualidad su denominación por VSH (Varroa Sensytive Higiene). Esta línea es resultado del trabajo del genetista del USDA Dr. John Harbo quien logró propagar abejas en cuya cría operculada las varroas hembras se reproducen menos. Esto lo logró al precio de un alto nivel de endocría, la consecuencia lamentable ha sido un patrón de cría salteada y un bajo nivel de aceptación por parte de la industria apícola estadounidense.

Abejas resistentes a enfermedades

Entre mediados de 1970 y principios de 1980, el ácaro varroa comenzó a realizar estragos y cambió por completo nuestra forma de ser apicultores. La crianza de reinas tuvo como objeto, ya no sólo suministrar abejas reinas jóvenes y productivas, sino también proveer abejas genéticamente mejoradas con grados de resistencia y tolerancia a enfermedades. El criador debió empezar a ser también un genetista, tratando de propagar abejas con características deseables de productividad y resistencia a enfermedades. A fines de 1989, la aparición de las primeras cepas de loque americana con resistencia a la oxitetraciclina, reflotó la importancia de seleccionar abejas con rasgos de comportamiento higiénico, básicamente desopercular y remover (extraer) pupas enfermas en no más de 48 horas.

Mejoramiento genético  
La crianza de reinas, como parte esencial del proceso de multiplicación de las abejas, ha debido enfrentar numerosos desafíos:
-Preservar los ecotipos locales de abejas melíferas.
-Evitar los efectos letales de la endocría (consanguineidad) .
-Obtención de abejas híbridas a través del cruzamiento de diversas
razas.
-Selección de abejas resistentes a enfermedades.
-Uso de marcadores moleculares.
-Aplicación de PCR (reacción en cadena de polimerasa) para la determinación de distintos haplotipos.
-Preservación de bancos de semen de zángano en nitrógeno líquido.

Un párrafo aparte merece la ejecución del proyecto GENOMA ABEJA. Esto ha permitido identificar millones de genes. Sin embargo, la aplicación práctica a fines selectivos es un objetivo distante. Los fondos asignados como presupuesto para la investigación apícola son muy escasos a nivel mundial. Es una incógnita imaginar de dónde saldrán recursos para avanzar en esta línea investigativa. Una posible línea de desarrollo, podría ser la propagación de abejas que produzcan una
toxina que inhiba la reproducción de varroa en la cría operculada.
Durante el siglo XX, los principales exponentes académicos del
mejoramiento genético apícola fueron sin duda el Dr. Friedrich Ruttner
y el monje benedictino Hermano Adam Kehrle .
El Dr. Ruttner nos deleitó con varias obras imprescindibles, su texto principal fue «Biogeografía y Taxonomía de las Abejas» que pretendió ser el intento más amplio de clasificación mediante métodos morfométricos y taxonómicos de todas las Apis
conocidas. El Dr. Ruttner siempre consideró que la selección y el mejoramiento debían realizarse en el marco de las razas puras.
El Hermano Adam también recorrió el mundo. En particular Asia, África y la cuenca del Mediterráneo. Su objetivo fue bien distinto al del Dr. Ruttner. Hacia 1919 había visto y padecido la virtual extinción de las abejas en las Islas Británicas a causa de la irrupción de los ácaros traqueales. Las únicas abejas que sobrevivieron el embate de esta plaga, fueron los híbridos que contenían abeja italiana. A partir de esta experiencia y de la aplicación del Mendelismo a la genética apícola, se convirtió en un ferviente admirador de las abejas híbridas. Su trabajo de selección culminó en la denominada abeja Buckfast que aun hoy goza de buena reputación entre muchos productores profesionales. Para el Hermano Adam, había que preservar las razas puras a efectos de producir híbridos que le permitieran al apicultor profesional gozar de los beneficios de la heterosis.
A fines del siglo XX, el concepto de raza geográfica acuñado por Ruttner y Adam, cambió de significado con la irrupción de nuevas técnicas de laboratorio que modificaron para siempre nuestra perspectiva, basada hasta entonces en conceptos fenotípicos, morfométricos y taxonómicos. Claramente, la utilización de la «reacción en cadena de polimerasa» (PCR) permitió identificar diferentes haplotipos. Este concepto engloba algo que abarca mucho más que el significado de raza pura y geográfica que hasta entonces teníamos. Hoy día, en vez de razas tenemos los haplotipos A, C y M que a su vez presentan variantes. Además del ADN mitocondrial se ha pasado a analizar el ADN nuclear que, sumado al estudio de los microsatélites, abre un panorama insospechado para mejorar a nuestras abejas.
En EE.UU. la nefasta experiencia vivida en las Islas Británicas durante la década de 1920, llevó al Congreso a sancionar una ley en 1922, que 85 años después sigue aun vigente. Por medio de la misma, se prohibió la importación de cualquier raza de abeja procedente de terceros países. Si bien permitió demorar el ingreso de los ácaros traqueales hasta 1984, tuvo un efecto contraproducente que hoy se está haciendo notar.
EE.UU. alcanzó su cantidad máxima de colmenas hacia 1958 cuando
según el Departamento de Agricultura (USDA), se llegó a  5 millones y medio de colmenas. A partir de entonces, la disminución ha sido notoria, tanto que en 1987 (año del ingreso de varroa en EE.UU.) había 3 millones y medio de colmenas y en 2006 casi dos millones y medio de colonias registradas.

Variabilidad

En 50 años, no sólo bajó a menos de la mitad la cantidad de colmenas, sino que fundamentalmente hoy hay menos de la mitad de criadores de reinas que en 1958. La cantidad anual de reinas producida en la actualidad asciende a unas 900 mil, pero lo grave es que la variabilidad genética se ha reducido a niveles preocupantes.
Diversos estudios del USDA y de la Universidad de Washington confirman
que la cantidad de madres utilizadas para producir esas 900 mil reinas,
asciende a sólo 300. Esto significa que cada reina usada como pie de cría produce unas 3.000 hijas. La pérdida de alelos en la población de abejas de Norteamérica puede tener que ver, en parte, con el actual «Síndrome de Despoblamiento». La pérdida de vitalidad involucrada en la endocría (apareamiento de individuos relacionados) y la consecuente proliferación de características homocigotas recesivas se han acentuado, de las cuales la primera y principal evidencia es la baja viabilidad de la cría que el apicultor común conoce simplemente como «cría salteada».
En un lapso de sólo 14 años iniciado a partir de 1984, EE.UU. se vio azotado por ácaros traqueales, varroa, abejas africanizadas en 1990 y finalmente el pequeño escarabajo en 1998. Los golpes fueron muy severos y la industria apícola estadounidense no ha tenido posibilidades de reaccionar ante tantas desgracias juntas. A consecuencia de esto, surge la importancia de China y luego de Argentina como proveedores de miel, para atender las necesidades del mercado interno que los apicultores estadounidenses son incapaces de satisfacer.
Como puede apreciarse, la difusión de las patologías apícolas se dio al margen de las legislaciones restrictivas que pretendieron impedir la importación de valioso material reproductivo. Es más, me atrevo a afirmar que justamente a causa de esta legislación absurdamente obstructiva, muchos apicultores profesionales se vieron forzados a transgredir las barreras impuestas a fin de conseguir los ecotipos necesarios para su reproducción.

Los nuevos retos

Hoy la práctica milenaria de la apicultura, tiene dos nuevos retos por delante, dos plagas que aun no salieron de la caja de Pandora. Se trata del ácaro asiático Tropilaelaps clareae y de la Apis mellifera capensis.
El Tropilaelaps es un parásito de las abejas tropicales asiáticas gigantes llamadas Apis dorsata, la coexistencia evolutiva de ambos (huésped y parásito) ha permitido una convivencia armoniosa equiparable a la alcanzada entre Apis cerana y el ácaro varroa en el sudeste asiático. No quiero imaginarme el impacto que podría tener la irrupción de este ácaro asiático en las abejas europeas. Para empezar su ciclo reproductivo es mucho más rápido que el de varroa destructor, con lo
cual la sucesión de generaciones capaces de devastar a nuestras colmenas sería mucho más rápida.
En cuanto a la abeja capensis, vale la pena analizar lo sucedido en Sudáfrica a partir de 1992. La migración de estas abejas con propósitos de polinización, a regiones dominadas por la más conocida de las abejas africanas (la scutellata) provocó su virtual extinción. Ocurre que la abeja capensis posee un sistema reproductivo único dentro de las Apis mellifera, que consiste en la presencia de obreras capaces de poner óvulos que generan hembras, estas obreras «ponedoras» se comportan como «Pseudoreinas» y por sus feromonas son capaces de causar el reemplazo de las reinas scutellata. Estas colmenas scutellata conquistadas por obreras capensis rápidamente terminan siendo zanganeras.

Conviene destacar el trabajo realizado por universidades y centros de investigación, que durante los últimos 30 años han dedicado grandes esfuerzos para el desarrollo de «abejas resistentes» que no necesiten de acaricidas ni tampoco de antibióticos. Lamentablemente, los resultados han sido magros y ello ha causado un cierto descreimiento de los apicultores. Por cierto, nuestras urgencias no son compatibles con los tiempos necesarios para investigar y desarrollar estas abejas tan importantes. Quien lleva la delantera en este emprendimiento es EE.UU, que por otra parte son los que tienen más presupuesto.

Escribe Martín Braunstein, cabaña Reinas Malka.