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Realizar los análisis a la miel antes que el productor la
comercialice era el eje de una propuesta que fuera presentada a
la Secretaría de Agricultura de la Nación en septiembre
y requería que fuera el propio apicultor -como en la comercialización
de granos- quien pagara los análisis. (ver nota “Proponen
que los análisis se realicen en la extracción”
04-09-03 – En Indice de Notas).
Aquella
propuesta, aún sin respuesta desde los organismos oficiales,
pretendía desarrollar un sistema que otorgue garantías
sobre la calidad de la miel que se exporta de tal forma que el exportador
se asegure, lo máximo posible, que el producto va a ser aceptado
por el comprador.
Eric
Masek, de la firma OWS srl, envió una carta abierta para
que através de Apicultura.entuPC llegara
a “todos los participantes de la cadena de la miel en Argentina”,
según sus propias palabras, en la que expone sus argumentos
en contra de la mencionada propuesta y en su lugar propone otra
alternativa.
Carta
Abierta
Mi nombre es Eric Masek, soy médico veterinario, y con gran
sorpresa he leído sobre la propuesta presentada ante organismos
oficiales de contralor por los señores Atilio Damiani y Juan
Carlos Forneris, bajo el nombre de “Proyecto de sistema nacional
de control sanitario de la miel” pretendiendo que, a fin de
solucionar los problemas de comercialización y exportación
de la miel, se instauren análisis compulsivos y masivos a
nivel salas de extracción, a ser pagados por los productores,
básicamente con el fin de solucionarles a los autores del
proyecto, sus problemas legales y económicos, fuera de todo
lo legalmente establecido.
Los
gastos (abusivos, y como se verá mas adelante, sin sentido)
quieren que los paguen los productores de miel. Y estamos hablando
de hacerles pagar $48.000.000 por año. Semejante procedimiento
no se realiza en ningún lugar del mundo.
Menoscaban el buen criterio de las autoridades de fiscalización
sanitaria a nivel mundial, y desde luego el del SENASA, al insistir
que debe hacer cumplir las normativas existentes “a rajatablas”.
¡Ese
proyecto no cumple con las exigencias de los mayores importadores
de miel argentina! La realidad indica que hay que hacer algo diferente.
Con
trazabilidad, suficiente
Los problemas existen, pero organismos de control sanitario internacional
reconocidos, como ser los pertenecientes a la Comunidad Económica
Europea, ya han impuesto mecanismos absolutamente coherentes y razonables
para el control de la miel que exportemos hacia allí (aproximadamente
85% del producido), mediante la imposición de que a partir
de Agosto del año 2004, la miel que quiera entrar en su mercado
simplemente sea trazable (bajo el concepto de “tracking &
tracing)
Que
sea trazable significa que la miel pueda ser seguida desde el lugar
de producción hacia el embarque y, desde el exterior, el
camino inverso hasta su origen (el productor). Con lo cual, en caso
de presentarse problemas de variada naturaleza, en cualquier punto
de la cadena, se delimitan claramente las responsabilidades legales
y nadie queda desprotegido legalmente, para cualquier reclamo formal.
El mismo mecanismo se usa en la CEE; quien no tiene trazabilidad
de su producto es único responsable legal del mismo; quién
sí la tiene puede deslindar legalmente sus responsabilidades.
Frente
a la exigencia de trazabilidad para las mieles con destino a la
CEE a partir de Agosto del 2004 (y a otros países importadores
a la brevedad), el SENASA respondió rápidamente con
la Res. 186/03, estableciendo a todo nivel dentro de la cadena de
la miel, los controles y mecanismos necesarios para aportar los
datos, que harán posible lograr la trazabilidad de la miel.
Primer paso cumplido. ¡Felicitaciones por la rápida
respuesta!
Para
mayor eficiencia
Pero para poder hacer la miel trazable debe haber, además,
un registro informático ordenado donde se graben todos los
datos que se vayan generando.
Este
registro informático ordenado es el elemento necesario para
que, a través de otros programas informáticos (programas
de trazabilidad), se puedan capturar y ordenar los datos necesarios
para seguir, o rastrear en contracorriente, cualquier lote de miel
entre su productor - participantes de la cadena de la miel - y destino
final.
Como
todos sabemos, en nuestro país es casi imposible que a breve
plazo el registro informático ordenado lo realice el Estado,
fundamentalmente por el alto costo de este desarrollo.
Pero
el Estado -por ser el organismo de contralor, ya que la trazabilidad
es la exigencia- mínimamente está obligado a proveer
los datos necesarios que surgirán de la puesta en marcha
de sus propias directivas, de la Res. 186/03, a fin de que quien
quiera, pueda grabarlos en su propio registro informático
ordenado, y con ello alimentar de datos su sistema de trazabilidad.
Son millones y millones de datos, va a ser imposible en las actuales
condiciones, que el SENASA recoja desde todo el país, y provea
en todo el país esos datos, con la velocidad necesaria.
Para
tratar de ayudar al SENASA, la empresa a la que pertenezco, OWS
srl, (la única que ya tiene elaborado un sistema de trazabilidad
para la miel totalmente acorde a las particularidades de nuestro
país) está ofreciendo, a título totalmente
gratuito, un sistema informático que puede regentear y administrar
el sector de la miel dentro del SENASA, en el cual todos los procedimientos
administrativos normales que hacen a la trazabilidad (directos e
indirectos) puedan ser grabados en bases de datos (mas allá
de la papelería que sigan haciendo) y ser puestos a disposición
de cualquier sistema de trazabilidad.
El
SENASA determinaría a qué datos, necesarios para la
trazabilidad, puede acceder cualquier empresa que quiera hacer un
sistema de trazabilidad, la nuestra u otras. No estamos pidiendo
que el SENASA avale nuestro sistema privado de trazabilidad.
La
enorme ventaja es además, tener un SENASA que mediante “clicks”
pueda saber al momento cuántas colmenas hay en cada apiario,
zonas o en el país, las producciones estimadas, cuándo
se inspeccionó a quién y el resultado obtenido, si
existen tambores con identificación duplicada y su localización;
hallar dentro del país un tambor determinado o los correspondientes
a un lote: en qué etapa se encuentra el análisis de
una muestra o su resultado, y miles de otras informaciones.
Para
aquellos desconfiados, queremos aclarar que estamos tratando de
hacerle desinteresadamente un enorme bien al país, tratando
de colaborar con el SENASA y no queremos nada a cambio. Por el bien
de todos los participantes en la cadena de la miel, veremos si podemos
llegar a buen puerto con el ofrecimiento.
La
Res.186/03 está claramente orientada a sentar las bases para
una eventual trazabilidad, no entiendo porqué se trata de
usarla con otros fines. Lo que se nos pide desde el exterior es
únicamente la condición de trazabilidad de la miel.
El control de residuos ya está encaminado a través
del plan “Creha” con los muestreos y análisis
correspondientes. Los análisis varios, cuando son necesarios,
se hacen.
Un
sistema de trazabilidad para la miel cuesta hoy en día al
productor alrededor de $1,60 anual (iva incluido) por colmena, redondeando
$ 3.000.000 para todos los productores del país trayendo
como beneficio que su miel trazable y exportable a la CEE y otros
países, será un producto diferenciado, la mejor herramienta
para defender el precio de su miel. Siendo gratis el uso del sistema
de trazabilidad para el resto de los participantes, automáticamente
éstos son beneficiados al grabar los datos en el registro
informático que asegura la trazabilidad y el mayor valor
de la miel que pasa por sus manos.
Si
comparamos el costo con lo propuesto mediante el sistema de análisis
compulsivos, $ 48.000.000, quiere decir que se está tratando
de implementar un sistema de controles que cuesta 16 veces más,
y no cumple con las exigencias de trazabilidad de los importadores!
Eric
Masek se mostro receptivo a distintas opiniones (ericmasek@ows.com.ar)
y ruega porque "alguien me tendría que explicar todo
esto", pero en general resulta evidente que los diversos -y
novedosos- enfoques para garantizar la calidad de la miel argentina
destinada a la exportación están apareciendo ante
la ausencia de un sistema confiables, accesible y aceptado por el
sentido común de los miles de apicultores que viven de esta
producción.
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