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Una invernada productiva es aquella en la que se conjugan una población
óptima de abejas, el buen estado sanitario y un consumo mínimo
y de bajo costo de alimentos, aunque suficiente.
También se debe procurar el mínimo deterioro del material
de la colmena y una preparación de la invernada simple y rápida.
García Girou quien trabaja en el Departamento de Agronomía
de la Universidad Nacional del Sur y es asesor técnico de varios
grupos apícolas advierte acerca de la información que se
maneja sobre la invernada ya que gran parte de la misma procede de Estados
Unidos y de Europa donde las condiciones meteorológicas suelen
ser más rigurosas que las de Argentina; "si bien algunos conceptos
son tan válidos allá como acá, los requisitos en
cuanto a la población, cantidad de reservas y espacio de invernada
no son universalmente valederos", expresó.
Una buena reina
para una invernada provechosa.
El cambio de las reinas de una colonia se recomienda realizarlo cada dos
años, sobre todo en aquellos lugares donde las temporadas de actividad
no son demasiado prolongadas. García Girou explicó que la
invernada de colonias con reina deficiente "sólo conduce a
un gasto de reservas inútil, lo que constituye un despilfarro económico".
El reemplazo de las reinas se puede realizar tanto en otoño como
en primavera; sin embargo en la última estación mencionada
es conveniente ejecutar el cambio sólo si hay buen ingreso de polen
y néctar. Como la interrupción en el desarrollo de la colonia
que involucra el cambio de reinas puede ocasionar una preparación
deficiente de la colonia para la mielada principal, si las condiciones
primaverales son poco favorables es preferible concretar la tarea durante
el otoño.
Antes de llegado el invierno es conveniente realizar un control del estado
de las reinas. García Girou comenta que los productores que no
realizan esta revisión es usual que observen cambios naturales
tardíos, muerte de reinas en el invierno o retraso en el desarrollo
de la colonia.
Culpa de reinas deficientes se puede notar en primavera un retraso en
el desarrollo de las colonias; en este caso, si no se hace un cambio artificial
es probable que la colonia se enferme y se pierda, y si se realiza el
reemplazo se podrá salvar la colonia pero el potencial de cosecha
será menor. Por no controlar efectivamente los colmenares el productor
puede encontrarse con cambios otoñales naturales tardíos
que provocarán que las reinas no se fecunden y las colonias se
tornen zanganeras.
La muerte de reinas durante el invierno con la consiguiente pérdida
de la colonia, es otra de las consecuencias probables de ocurrir por falta
de una correcta puesta a punto de la colmena antes del invierno.
Reservas de alimentos.
El consumo de miel o azúcares durante el período otoño-invierno-primavera
depende del tamaño de la colonia, de la cantidad de cría
existente, de la entrada natural de néctar y de las condiciones
meteorológicas.
García Girou explica que durante el invierno el consumo de reservas
es mínimo por la inactividad de las abejas y la reducción
o ausencia de la cría. Las abejas consumen miel para generar calor,
sin embargo la ingesta se reduce durante los días de frío
intenso porque las abejas comprimen la bola invernal y disminuyen así
la difusión de calor. En cambio, "cuando la temperatura aumenta,
la bola se hace menos compacta generando un aumento en el consumo de miel.
En primavera, con el aumento de la temperatura, el consumo aumenta a medida
que crece el área de cría".
Condiciones sanitarias.
Un buen estado sanitario resulta muy importante a la hora de lograr una
invernada exitosa.
Norberto García Girou centró la atención en tres
enfermedades que cobran importancia en la actualidad tales como la nosemosis,
la varroasis y la loque americana además de referirse a los daños
de los roedores.
El ingeniero agrónomo consideró que el examen microscópico
de las abejas adultas a fines de invierno y principios de primavera para
el recuento de esporas de nosema puede ayudar a disminuir las pérdidas
invernales y primaverales de colonias si se aplica un programa adecuado
de control químico.
La varroa, enfermedad que se constituye en la principal preocupación
actual de muchos api-cultores, uno de los daños que ocasiona es
la disminución del largo de vida de las abejas, hecho que se torna
crítico en el caso de la abeja de invierno por ser la encargada
de asegurar la supervivencia de la colonia hasta la nueva temporada. Graves
pérdidas en las colmenas se pueden ocasionar durante el invierno
cuando la abeja debilitada no alcanza a sobrevivir y las curas son inefectivas
o tardías.
Loque americana.
Refiriéndose a la loque americana, García Girou manifiestó
que si bien ataca en cualquier época del año, durante el
otoño y el invierno se destacan aspectos especiales de su sintomatología,
propagación y control.
Como durante el invierno la postura de la reina disminuye o cesa, la presencia
durante esta estación de panales completamente cubiertos de cría
es anormal y un síntoma casi seguro de ataque de loque americana.
"El pillaje de colmenas enfermas con loque americana es una de las
principales vías de diseminación de la enfermedad. Esto
es especialmente crítico en otoño y en los días templados
de invierno por lo que para evitar la diseminación resulta de vital
importancia una adecuada revisación otoñal del estado sanitario
de la cría", explica García Girou quien recomienda
la "destrucción" de colmenas en caso de estar infectadas
con esporas de loque.
Tres cuestiones son las que justifican esa medida: La dificultad de concretar
ciertas prácticas alternativas de control tal como la realización
de paquetes de abejas en momentos cuando el insecto no labra cera";
la ausencia del normal nacimiento de abejas de otoño por lo que
la población se redujo por debajo de lo deseable o está
en vías de hacerlo; y la disminución considerable en otoño
de la efectividad de los anti-bióticos de uso corriente.
Roedores.
Los roedores también representan un importante enemigo para las
colonias durante el invierno especialmente cuando se invernan colmenas
con varias alzas, núcleos de escasa población en cámaras
de cría y colonias débiles.
"Si bien existen diversos dispositivos para evitar el ingreso de
los roedores durante el invierno, lo más sencillo, racional y aconsejable
resulta invernar colonias fuertes y en un espacio mínimo necesario.
Si se invernan núcleos en cámaras de cría, se puede
recomendar el uso de guardapiqueras para evitar el ingreso de roedores",
indicó el ingeniero agrónomo.
Existen varias
formas de realizar la invernada, pero García Girou reconoció
la que se realiza en cámara de cría y la de núcleos
como las más populares, quizás porque sean las que más
beneficios permiten alcanzar.
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Otra
de las ventajas que ofrece la cámara de cría para invernar
es el aumento de la vida útil de las alzas ya que es menos el material
de la colmena expuesto a las inclemencias meteorológicas; además
al reducir la altura de la colmena se evita el volteo y daños tanto
de las alzas cuanto de techos por parte de los animales durante el período
invernal.
Si se combina la última vuelta de cosecha con la formación
de núcleos de fin de temporada, la preparación de la invernada
en cámara queda hecha sin la necesidad de tareas adicionales de acondicionamiento.
La ventilación que se logra mediante la utilización de la
cámara de cría es adecuada ya que no se colocan guardapiqueras.
Esta forma de invernada también impide la entrada de roedores debido
a que la cámara está totalmente ocupada por abejas y, por
consiguiente, bien vigilada.
Época de
preparación.
La colonia de abejas puede pasarse a la cámara de cría en
cualquier momento a partir de la culminación de la mielada. Algunos
apicultores realizan esta tarea después de las primeras heladas
para estar seguros de la inexistencia de cría en el alza. Sin embargo,
si se desea evitar una tarea adicional se debe aprovechar la última
vuelta de cosecha para preparar la cámara de invernada.
El asesor técnico Norberto García Girou recomendó
combinar las tareas de la última vuelta de cosecha con la formación
de núcleos de fin de temporada y la bajada de las colonias a las
cámaras. El ingeniero agrónomo explicó que a fines
de la cosecha son usuales las colonias con un número de panales
de cría superior a los que pueden ubicarse físicamente en
la cámara de cría; en tal caso el excedente puede utilizarse
para la formación de núcleos de fin de temporada.
Alimentación
artificial.
Se considera que una cámara que, al momento de su preparación,
dispone de 5 panales completos de miel es probable que no requiera alimentación
adicional hasta la finalización del invierno o el principio de
la primavera.
En caso de que la cámara no tenga reservas suficientes, García
Girou recomienda el suministro de 8 a 10 kilos de azúcar en forma
de jarabe denso compuesto por una proporción de 2 partes de azúcar
y una de agua. Si bien la fecha para alimentar a la colonia varía
de acuerdo con la zona, una fecha tentativa es la primera quincena de
mayo. Es importante que la alimentación para la invernada se realice
cuando la temperatura todavía es templada para permitir el procesamiento
del jarabe por parte de las abejas, pero se debe tener en cuenta que no
sea muy temprano y se incentive innecesariamente la postura de la reina.
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Alimentación.
La reserva de miel de un núcleo al comienzo de la invernada será
de, al menos, dos panales completos. Como son colonias que carecen de un
número de pecoreadoras suficiente como para recolectar en primavera
una cantidad significativa de néctar, el secreto del éxito
de los núcleos de fin de temporada en la próxima mielada está
en la adecuada alimentación por parte del apicultor durante la primavera.
Si bien la dosis exacta depende, entre muchos factores, del ingreso natural
de néctar, García Girou generaliza y considera que de dos
a tres litros de jarabe suministrados una vez en septiembre y otra en octubre,
pueden ser suficientes. En noviembre, en cambio, con un área de cría
bien desarrollada la dosis mensual se elevaría al doble aproximadamente.
El apicultor deberá controlar el ingreso natural de polen y, si es
necesario, suministrará a la colonia, algún sustituto del
mismo.
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