Una invernada exitosa


"Puede considerarse un maestro de la crianza de abejas aquel que sepa invernar sus colonias en buen estado sanitario, con la menor pérdida de abejas, el menor consumo y la mejor conservación del material", reza una frase publicada en el American Bee Journal que se escribió en el año 1861. Pasaron más de 100 años y a pesar de todos los cambios ocurridos
hasta el nuevo milenio, los principios para una invernada provechosa son los mismos




Nota de Redacción:
Este artículo fue realizado por Portal Apícola a partir de una disertación del reconocido especialista en alimentación de abejas, ingeniero agrónomo Norberto García Girou)

Si a todo productor apícola le interesa obtener una buena cosecha, uno de los factores primordiales que deberá tener en cuenta es que sus abejas pasen en buenas condiciones el invierno.
Una reina en buen estado, provisión de alimento suficiente y buena situación sanitaria son las condiciones requeridas para una invernada exitosa, según explicó el Ingeniero Agrónomo Norberto García Girou en la Tercera Jornada Tecno-Apícola
del Centro del País realizada en Villa María.

Ing. Norberto G. Girou


Una invernada productiva es aquella en la que se conjugan una población óptima de abejas, el buen estado sanitario y un consumo mínimo y de bajo costo de alimentos, aunque suficiente.
También se debe procurar el mínimo deterioro del material de la colmena y una preparación de la invernada simple y rápida.
García Girou quien trabaja en el Departamento de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur y es asesor técnico de varios grupos apícolas advierte acerca de la información que se maneja sobre la invernada ya que gran parte de la misma procede de Estados Unidos y de Europa donde las condiciones meteorológicas suelen ser más rigurosas que las de Argentina; "si bien algunos conceptos son tan válidos allá como acá, los requisitos en cuanto a la población, cantidad de reservas y espacio de invernada no son universalmente valederos", expresó.

Una buena reina para una invernada provechosa.
El cambio de las reinas de una colonia se recomienda realizarlo cada dos años, sobre todo en aquellos lugares donde las temporadas de actividad no son demasiado prolongadas. García Girou explicó que la invernada de colonias con reina deficiente "sólo conduce a un gasto de reservas inútil, lo que constituye un despilfarro económico".
El reemplazo de las reinas se puede realizar tanto en otoño como en primavera; sin embargo en la última estación mencionada es conveniente ejecutar el cambio sólo si hay buen ingreso de polen y néctar. Como la interrupción en el desarrollo de la colonia que involucra el cambio de reinas puede ocasionar una preparación deficiente de la colonia para la mielada principal, si las condiciones primaverales son poco favorables es preferible concretar la tarea durante el otoño.
Antes de llegado el invierno es conveniente realizar un control del estado de las reinas. García Girou comenta que los productores que no realizan esta revisión es usual que observen cambios naturales tardíos, muerte de reinas en el invierno o retraso en el desarrollo de la colonia.
Culpa de reinas deficientes se puede notar en primavera un retraso en el desarrollo de las colonias; en este caso, si no se hace un cambio artificial es probable que la colonia se enferme y se pierda, y si se realiza el reemplazo se podrá salvar la colonia pero el potencial de cosecha será menor. Por no controlar efectivamente los colmenares el productor puede encontrarse con cambios otoñales naturales tardíos que provocarán que las reinas no se fecunden y las colonias se tornen zanganeras.
La muerte de reinas durante el invierno con la consiguiente pérdida de la colonia, es otra de las consecuencias probables de ocurrir por falta de una correcta puesta a punto de la colmena antes del invierno.

Reservas de alimentos.
El consumo de miel o azúcares durante el período otoño-invierno-primavera depende del tamaño de la colonia, de la cantidad de cría existente, de la entrada natural de néctar y de las condiciones meteorológicas.
García Girou explica que durante el invierno el consumo de reservas es mínimo por la inactividad de las abejas y la reducción o ausencia de la cría. Las abejas consumen miel para generar calor, sin embargo la ingesta se reduce durante los días de frío intenso porque las abejas comprimen la bola invernal y disminuyen así la difusión de calor. En cambio, "cuando la temperatura aumenta, la bola se hace menos compacta generando un aumento en el consumo de miel. En primavera, con el aumento de la temperatura, el consumo aumenta a medida que crece el área de cría".

Condiciones sanitarias.
Un buen estado sanitario resulta muy importante a la hora de lograr una invernada exitosa.
Norberto García Girou centró la atención en tres enfermedades que cobran importancia en la actualidad tales como la nosemosis, la varroasis y la loque americana además de referirse a los daños de los roedores.
El ingeniero agrónomo consideró que el examen microscópico de las abejas adultas a fines de invierno y principios de primavera para el recuento de esporas de nosema puede ayudar a disminuir las pérdidas invernales y primaverales de colonias si se aplica un programa adecuado de control químico.
La varroa, enfermedad que se constituye en la principal preocupación actual de muchos api-cultores, uno de los daños que ocasiona es la disminución del largo de vida de las abejas, hecho que se torna crítico en el caso de la abeja de invierno por ser la encargada de asegurar la supervivencia de la colonia hasta la nueva temporada. Graves pérdidas en las colmenas se pueden ocasionar durante el invierno cuando la abeja debilitada no alcanza a sobrevivir y las curas son inefectivas o tardías.

Loque americana.
Refiriéndose a la loque americana, García Girou manifiestó que si bien ataca en cualquier época del año, durante el otoño y el invierno se destacan aspectos especiales de su sintomatología, propagación y control.
Como durante el invierno la postura de la reina disminuye o cesa, la presencia durante esta estación de panales completamente cubiertos de cría es anormal y un síntoma casi seguro de ataque de loque americana.
"El pillaje de colmenas enfermas con loque americana es una de las principales vías de diseminación de la enfermedad. Esto es especialmente crítico en otoño y en los días templados de invierno por lo que para evitar la diseminación resulta de vital importancia una adecuada revisación otoñal del estado sanitario de la cría", explica García Girou quien recomienda la "destrucción" de colmenas en caso de estar infectadas con esporas de loque.
Tres cuestiones son las que justifican esa medida: La dificultad de concretar ciertas prácticas alternativas de control tal como la realización de paquetes de abejas en momentos cuando el insecto no labra cera"; la ausencia del normal nacimiento de abejas de otoño por lo que la población se redujo por debajo de lo deseable o está en vías de hacerlo; y la disminución considerable en otoño de la efectividad de los anti-bióticos de uso corriente.

Roedores.
Los roedores también representan un importante enemigo para las colonias durante el invierno especialmente cuando se invernan colmenas con varias alzas, núcleos de escasa población en cámaras de cría y colonias débiles.
"Si bien existen diversos dispositivos para evitar el ingreso de los roedores durante el invierno, lo más sencillo, racional y aconsejable resulta invernar colonias fuertes y en un espacio mínimo necesario. Si se invernan núcleos en cámaras de cría, se puede recomendar el uso de guardapiqueras para evitar el ingreso de roedores", indicó el ingeniero agrónomo.

Existen varias formas de realizar la invernada, pero García Girou reconoció la que se realiza en cámara de cría y la de núcleos como las más populares, quizás porque sean las que más beneficios permiten alcanzar.


INVERNADA EN CAMARA DE CRIA

La cámara de cría es una de las formas más recomendadas para la invernada debido a que por sus condiciones permite la realización de una invernada que Norberto García Girou considera exitosa.
Según el profesional, la población que inverna en la cámara de cría es suficiente como para segurar el adecuado desarrollo primaveral de la colonia, y es lo convenientemente reducida como para inimizar el consumo de alimentos lo cual permite reducir la utilización de miel para la alimentación del período que se extiende del otoño a la primavera y reemplazarla por un sustituto más económico.

    Otra de las ventajas que ofrece la cámara de cría para invernar es el aumento de la vida útil de las alzas ya que es menos el material de la colmena expuesto a las inclemencias meteorológicas; además al reducir la altura de la colmena se evita el volteo y daños tanto de las alzas cuanto de techos por parte de los animales durante el período invernal.
Si se combina la última vuelta de cosecha con la formación de núcleos de fin de temporada, la preparación de la invernada en cámara queda hecha sin la necesidad de tareas adicionales de acondicionamiento.
La ventilación que se logra mediante la utilización de la cámara de cría es adecuada ya que no se colocan guardapiqueras. Esta forma de invernada también impide la entrada de roedores debido a que la cámara está totalmente ocupada por abejas y, por consiguiente, bien vigilada.

Época de preparación.
La colonia de abejas puede pasarse a la cámara de cría en cualquier momento a partir de la culminación de la mielada. Algunos apicultores realizan esta tarea después de las primeras heladas para estar seguros de la inexistencia de cría en el alza. Sin embargo, si se desea evitar una tarea adicional se debe aprovechar la última vuelta de cosecha para preparar la cámara de invernada.
El asesor técnico Norberto García Girou recomendó combinar las tareas de la última vuelta de cosecha con la formación de núcleos de fin de temporada y la bajada de las colonias a las cámaras. El ingeniero agrónomo explicó que a fines de la cosecha son usuales las colonias con un número de panales de cría superior a los que pueden ubicarse físicamente en la cámara de cría; en tal caso el excedente puede utilizarse para la formación de núcleos de fin de temporada.

Alimentación artificial.
Se considera que una cámara que, al momento de su preparación, dispone de 5 panales completos de miel es probable que no requiera alimentación adicional hasta la finalización del invierno o el principio de la primavera.
En caso de que la cámara no tenga reservas suficientes, García Girou recomienda el suministro de 8 a 10 kilos de azúcar en forma de jarabe denso compuesto por una proporción de 2 partes de azúcar y una de agua. Si bien la fecha para alimentar a la colonia varía de acuerdo con la zona, una fecha tentativa es la primera quincena de mayo. Es importante que la alimentación para la invernada se realice cuando la temperatura todavía es templada para permitir el procesamiento del jarabe por parte de las abejas, pero se debe tener en cuenta que no sea muy temprano y se incentive innecesariamente la postura de la reina.

   
INVERNADA DE NÚCLEOS

Las pequeñas colonias podrán pasar el invierno en cajones nucleros de buena construcción o en cámaras de cría; en este último caso se colocarán guardapiqueras y "poncho" o partidor con el fin de aislar el espacio ocioso del cajón.
Para lograr una buena temperatura es apropiado invernar de uno a tres núcleos encima de una colonia fuerte. Norberto García Girou explica que si se invernan tres núcleos el cajón superior "contará con separadores apropiados, entretapas y piqueras individuales y estará separado del cajón inferior por un partidor con doble malla de tejido mosquitero".
El ingeniero agrónomo aconseja evitar invernar núcleos cuya población en el mes de mayo sea menor a 4 o 5 cuadro bien cubiertos de abejas.

 

   
Alimentación.

La reserva de miel de un núcleo al comienzo de la invernada será de, al menos, dos panales completos. Como son colonias que carecen de un número de pecoreadoras suficiente como para recolectar en primavera una cantidad significativa de néctar, el secreto del éxito de los núcleos de fin de temporada en la próxima mielada está en la adecuada alimentación por parte del apicultor durante la primavera.
Si bien la dosis exacta depende, entre muchos factores, del ingreso natural de néctar, García Girou generaliza y considera que de dos a tres litros de jarabe suministrados una vez en septiembre y otra en octubre, pueden ser suficientes. En noviembre, en cambio, con un área de cría bien desarrollada la dosis mensual se elevaría al doble aproximadamente.
El apicultor deberá controlar el ingreso natural de polen y, si es necesario, suministrará a la colonia, algún sustituto del mismo.