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Ningún
proveedor puede permanecer impasible ante un pedido de dos
toneladas de cera estampada, en una operación que supera
largamente los 20 mil pesos. Tal “oportunidad”
se presento a la gente de Mieles Greca, de Miguel Carranza.
Sin embargo, el pedido originado desde un lugar poco precisado,
entre Federación y Federal, en Entre Ríos, disparó
las prevenciones y sospechas.
Ya en agosto en Portal Apícola se
daba a conocer una seguidilla de estafas perpetradas, con
mayor o menor éxito, a empresas proveedoras de cera
estampada como Del Rey y El Ceral y varias más (Ver:
Varias firmas apícolas
estafadas en $ 45 mil). La constante en los dos hechos
fue que el botín era cera y el lugar desde donde se
urdía la maniobra era Concordia, o localidades aledañas.
Al tanto de esta situación, los empresarios cordobeses
levantaron sus defensas y se prepararon con “cuatro
ojos” para observar la operación.
Cuando
se dificulta denunciar
“Pensé en hacer la una denuncia, pero dije
haber si me meto en un lío. Porque para hacer una
denuncia hay que cargarle la cera y que la policía
lo siga para ver a donde va y todo eso. No basta con que
sólo la cargue, porque a lo mejor el tipo que la
carga es un fletero cualquiera que cargo la cera porque
se los pidieron”, indicó Carranza.
Según averiguó Portal Apícola,
para llegar hasta los estafadores habría que cargar
la cera en el transporte, seguirlo custodiándolo
por tres provincias, ver si lo dejan en manos de los estafadores
o en un depósito ajeno a la maniobra y luego montar
guardia hasta que alguien reclame la cera. Si es que no
la venden antes y se la mandan a retirar a otro estafado.
También es posible que paguen con un cadete el
flete y depósito y hagan dejar la mercadería
frente a la propiedad de un tercero no involucrado para
llevársela inmediatamente. O pueden abordar al
transporte en cualquier lugar del recorrido, pagar el
flete y llevarse el producto de la estafa.
Todas estas complicaciones, más la sospecha de
la complicidad policial, son un fuerte disuasivo para
hacer la denuncia. De ahí a la impunidad no queda
nada. |
Con
el avance del intento se comprobó que todos los indicios
señalaban otro intento de estafa: Llamados desde un
celular, de un productor que vivía en el campo, entre
tal y cual localidades, transferencia un viernes –y
cerca del mediodía- y “mucho apuro” por
retirar la mercadería el mismo día, con la sola
constancia de la transferencia.
El ya clásico “modus operandis”, se completaba
con un transporte contratado –por lo general ajeno a
la maniobra- que retiraba la mercadería, una firma
inexistente, o existente pero utilizada sin su conocimiento,
la transferencia enviada desde un locutorio y otras precauciones
más como para cubrir a los responsables de la estafa.
A estas argucias también se puede sumar la utilización
del nombre de un apicultor ó una empresa reconocida
(por si alguien pide referencias).
Y tal como se supuso, la transferencia con la cual Carranza
debía cobrarse la cera no existió. El fax, por
lo demás una réplica exacta (ver imagen), enviado
por los estafadores con los datos de la transacción
tenía serias anomalías: el número telefónico
del Banco Nación de Concordia que allí figura
es inexistente; el monto de la comisión (seis pesos
sobre los 25 mil pesos del total que debió ser pagado)
es inconcordante con el monto de la transferencia; el fax
fue enviado desde un telecentro; la transferencia no fue corroborada
por el Banco Nación de Concordia; el sello no existe
y lo propio ocurre con el número de caja; además
tampoco corresponde la firma del contador.
“Llame a un colega de Concordia para que me diera los
números telefónicos del Banco Nación
de Concordia y no coincidía ninguno con los expresados
en el fax. Entonces con los números que me dio el colega
llame al Banco y ellos me negaron que ese numero del fuera
de ellos”, comentó Miguel Carranza a Portal
Apícola.
Además, “la firma Bonesi SA, que figura como
tomador, ni sé quien es y en el Banco tampoco la conocían”.
Estafadores, pero muy educados
Los
malvivientes, que desconocían obviamente las sospechas
de Carranza, hicieron una llamada telefónica a la víctima
a modo de cortesía. “Me hablaron por teléfono
a las 13.30 del viernes, luego de pasarme el comprobante falso
y me dijeron ‘¿Esta todo bien Miguel?’.
Les respondí ´No, no esta todo bien.... La transferencia
que me mandaste no existe”, relató.
Lejos de amilanarse, los estafadores se ofendieron: “Cómo
va a ser trucho –le dijeron- espera hasta el lunes,
si entra la transferencia me avisas.”
El estafador podía haber estado en Entre Ríos,
o la frente de la firma de Carranza.
De hecho, por la tarde del viernes una camioneta Peugeot llegó
hasta el depósito de Mieles Greca con uno de los cómplices
preguntando si “estaba todo bien”, porque el camión
había tenido “algún retraso”.
“Todo verso”, indicó Carranza, “cuando
nuestros empleados les dijeron que sin el pago la cera no
se cargaba el tipo no apareció más”, pero
los delincuentes estaban al acoso...
Otra estafa, esta vez concretada
Pero
no sólo la cera es un botín preciado para los
estafadores: también la miel. Días atrás,
la empresa Mieles Pampeanas, de Roberto Tous, fue estafada
en 10 tambores de miel.
El monto del ilícito es de 33 mil pesos, que la víctima
recibió en dos cheques sin fondos de 11 y 22 mil. La
cuenta era prolija y no presentó sospechas para Mieles
Pampeanas. Roberto Tous controló que la cuenta fuera
buena, que tuviera buen concepto crediticio en el banco Central
y no figurara en el veráz. Sin embargo, el primer cheque
rebotó (11) y el segundo ni siquiera lo presentó
“para que me cobren los 80 pesos de comisión”,
según manifestó Tous a Portal Apícola.
La firma con la cual los malvivientes se desempeñaban
era Todo Consumo, una supuesta empresa rosarina cuyo contacto
era una persona llamada Franco.
En el número telefónico que fue dado a Mieles
Pampeanas no contesta nadie y el galpón de la dirección
es alquilado.
La estafa total realizada por esta firma inexistente y que
no sólo alcanzó a la apicultura ronda los 1,9
millones incluyendo vinos finos, equipos de harina, etc.
Tous indicó a nuestro medio que está en contacto
con los otros estafados con el fin de poder esclarecer el
hecho.
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