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Antecedentes
Antes de los años 90 existían en España
dos perfiles de apicultor bien diferenciados:
Por un lado los profesionales, procedentes en su gran mayoría
de regiones con una larga tradición apícola:
Valencia, Extremadura, Salamanca. Se trata de apicultores
con un número grande de colmenas, a veces más
de mil que se desplazaban (hasta 4 ó 5 veces al año)
por todo el territorio siguiendo las floraciones. De estas
la que más contribuía a la producción
de miel era el Girasol.
Por otro existía un colectivo de apicultores a tiempo
parcial, normalmente trabajadores agrícolas por cuenta
ajena o propietarios de pequeñas explotaciones agro-ganaderas
que ejercían una apicultura para el propio abastecimiento
o como complemento de una renta casi siempre insuficiente.
Este último grupo practicaba principalmente una apicultura
estante, en sus zonas de residencia, mayoritariamente zonas
de montaña con vegetación espontánea,
con un numero de colmenas por explotación muy inferior,
100 o menos, un nivel tecnológico mucho más
bajo, a veces con colmenas de corcho.
El censo de colmenas en todo el país no llegaba a las
1.500.000 colmenas.
Así refleja la situación Alejandro García,
apicultor argentino radicado hace varios años en España,
en informe exclusivo para Portal Apìcola.
Con este escenario llegan las ayudas a la apicultura de la
C.E.E. estas ayudas, mal entendidas fuera de Europa, nunca
han sido a la producción sino por polinizar. Se prima
el efecto benéfico que sobre el medio ambiente ejercen
las abejas. Aunque, por supuesto supusieron una mejora importante
en la renta de los apicultores. Hoy por hoy, el final de las
ayudas supondría la desaparición de la apicultura
en España que quedaría reducida a un tamaño
testimonial. Si bien esto sería recibido por algunos
colegas argentinos como una buena noticia, es iluso pensar
que es algo que vaya a suceder:
¿Por qué la C.E.E. que ha conseguido un estado
de bienestar para todos sus ciudadanos va a condenar a sus
apicultores (a todos sus agricultores en general) al nivel
de vida de un apicultor chino? Entiéndase esto con
el máximo de los respetos que merecen todos los seres
humanos y la especial simpatía por los colegas de otras
razas.
Hay que trabajar por la igualdad, pero igualdad a la alta,
no a la baja.
¿Por qué la C.E.E. va a permitir que se desestructure
un sector tan estratégico como el agrícola ganadero
para pasar a depender de importaciones?, ya vemos lo que está
pasando con el petróleo.
Se van a desvincular las ayudas de la producción para
evitar una competencia desigual en los mercados internacionales,
pero de una manera o de otra, la C.E.E. va a seguir destinando
fondos para mantener una agricultura viable, conservación
de su medio rural y producción de alimentos de calidad,
evitando el despoblamiento de grandes áreas rurales.
La llegada de las ayudas, a pesar de las limitaciones que
puso la Administración, ha supuesto un aumento en el
censo de colmenas que ha llegado a las 2.500.000. Piénsese
que estamos hablando del mismo censo que en Argentina, en
un territorio 4 veces más pequeño y con unas
posibilidades apícolas que ni en sueño se pueden
comparar con las de allí. De hecho, la mayoría
de las colmenas están concentradas en pocas zonas.
Hoy día no se convocan ayudas para nuevas explotaciones
apícolas.
A este aumento, hasta cifras que sobrepasan claramente las
posibilidades de nuestra base territorial, hay que unir otro
hecho sobre el que habitualmente se habla poco. El cambio
de variedades en los cultivos de girasol, pasando de las que
se sembraban hace 20 años, originarias de Georgia,
con un periodo de floración de un mes o más
y muy melíferas a nuevas variedades procedentes de
USA, de ciclo corto (menos de una semana de floración)
y poco o nada melíferas.
Muchos apicultores siguen haciendo la trashumancia al girasol
entre otras cosas porque no hay cultivos alternativos en esa
época del año pero los resultados son los que
estamos viendo.
Situación
actual
La mejora en la renta de los apicultores que supusieron la
llegada de las ayudas y el aumento en los precios de la miel
de los pasados años posibilitaron una vertebración
del sector y una mejora en el nivel técnico de las
explotaciones, sin embargo esto no ha sido impedimento para
la severa crisis actual.
Si se observan las estadísticas se ve como el progresivo
aumento en el censo de colmenas no se ha correspondido con
un aumento similar en la producción de miel, que sigue
estancada en torno a las 30.000 Tm. Prueba evidente de la
saturación del territorio.
Por si esto fuera poco se viene padeciendo una mortandad alarmante
por motivos aun no conocidos. Esta mortandad ha sido especialmente
alta en los años 2003 y sobre todo 2004. Con esto un
gran número de apicultores han quedado entre la espada
y la pared pues al solicitar las ayudas se firma un compromiso
de mantener el censo por cinco años y ahora les resulta
imposible cumplirlo. Como consecuencia ha aumentado la demanda
y el precio de colmenas pobladas, núcleos y enjambres
que muchos buscan y es difícil encontrar. Por el contrario,
cada vez hay más apicultores que venden su explotación
“con el número”. Esto quiere decir con
la subrogación en los compromisos de las ayudas.
“De la crisis de precios no voy a decir nada que ahí
no sepáis” aclara Alejandro García.
Origen
del problema sanitario
Cuando se empezó a detectar el problema sanitario se
barajaron muchas posibles causas: Insecticidas sistémicos
en el girasol, sequía, virosis, mutación de
varroa, etc.
Recientemente, uno de los dos Centros de investigación
apícola de más prestigio (Marchamalo) se tira
a la piscina sin comprobar si hay agua y culpa del despoblamiento
a NOSEMA CERANAE. “Hasta donde yo se, dice garcía,
lo único que han hecho es detectar la presencia de
este protozoo en colmenas usando una nueva técnica
que hasta ahora no se había empleado”, pero:
No se sabe si N. Ceranae esta aquí desde el día
anterior al que fue detectada, si llevaba toda la vida y simplemente
no se le había diferenciado de su pariente NOSEMA APIS
o si apareció justo en la fecha en que se empezaron
a morir colmenas y por supuesto no se sabe si las colmenas
se mueren por causa de N. Ceranae. No ha habido tiempo material
para hacer ningún estudio sobre el particular pero
claro, aunque desde Argentina se vea de otra manera, aquí
no sobra el dinero y el investigador tiene que atraer presupuesto
de alguna forma. De momento ya aparecen los anuncios del antibiótico
en las revistas y mucha gente presa del pánico empieza
a usarlo.
¿Qué dicen otras voces cualificadas?:
La postura del otro Centro CAAPE es la siguiente:
La detección de N. Ceranae en colmenas muertas no es
suficiente para imputarles la muerte. De hecho en cualquier
colmena se detecta la presencia de la mayoría de los
patógenos (Nosema, Virus, Ascofera y por supuesto Varroa).
En análisis de abejas procedentes de colmenas sanas
(Entiéndase de colmenas que viven, producen y se reproducen
a satisfacción) aparece a veces una carga de esporas
de Nosema altísima y sin embargo otras muestras de
colmenas muertas por Nosema dan una carga muy inferior.
Las lesiones encontradas en los intestinos de las abejas e
imputadas a Nosema son las mismas que las que aparecen en
una abeja muerta por un déficit proteínico.
(No en todas las muestras se usan las técnicas de biología
molecular, esto es caro y lento. La mayoría se diagnostican
por técnicas más sencillas, a veces simple observación
al microscopio).
Al final, después de oír a unos y a otros la
explicación que cobra más coherencia es la siguiente:
Las zonas apícolas en España están muy
sobrecargadas. En un año bueno se salvan los muebles
e incluso se produce algo, pero cuando vienen las vacas flacas,
por ejemplo una sequía seguida de un invierno muy frío,
las abejas de otoño sufren déficit de proteínas,
pierden longevidad y las colmenas van despoblándose
sin poder sobrevivir al invierno. Este déficit proteínico
les produce además una depresión del sistema
inmunológico, hay que sumar la persistencia de varroa,
cada vez más resistente a los productos empleados para
combatirla y que debilita a la abeja al succionarle hemolinfa
y actúa como transmisor de otras enfermedades. Con
esta situación las colmenas son más sensibles
a las enfermedades y cualquier protozoo, hongo o lo que sea,
de los que hemos dicho que están presentes en todas
las colmenas, les provoca una enfermedad que las mata a diferencia
de lo que ocurriría en colmenas sanas, fuertes y bien
nutridas. Obsérvese que las mayores mortandades se
han dado en zonas de presencia masiva de colmenas que provoca
agotamiento de los recursos, ya mermados por la sequía
y claro está, una transmisión mas rápida
de enfermedades entre colmenas.
Conclusión
Alejandro García sacó la siguiente conclusión:
“cuando se está inmerso en un problema resulta
especialmente difícil tomar la perspectiva suficiente
como para llegar a conclusiones objetivas pero en este momento
me vienen a la memoria unas palabras de mi maestro”:
“El que no aprende por discernimiento tiene que aprender
por sufrimiento”.
Toda esta movida va a forzar a un reajuste de la apicultura
en España. Cuando en 2006 acabe el ciclo de 5 años
de compromisos de las ayudas los censos de muchas explotaciones
van a bajar, otras simplemente desaparecerán. Las colmenas
se situarán en las zonas donde tengan una garantía
de alimento razonable durante todo el año y la trashumancia
se realizará de forma más selectiva y con menor
número de colmenas. En la población de abejas
habrá una nueva selección natural y quedarán
las más resistentes a los rigores climáticos
y a las enfermedades y en los apicultores quedarán
los de mayor nivel técnico y los consentidos a vivir
de su trabajo y no solo de “las ayudas que caen del
cielo”. |