APICULTURA ESPAÑOLA
Una crisis severa y un futuro incierto

Desde España, exclusivo para Portal Apicola
Escribe:
Alejandro García

Portal Apícola
(19/01/06)
La apicultura en España atraviesa una situación difícil. La mortandad es una de las cuestiones de mayor preocupación. La cantidad de colmenas ha aumentado en relación a los últimos años, sin embargo por la saturación del territorio, la producción de miel no ha correspondido a ese crecimiento. El Clima también ha significado un inconveniente. Ante la situación, el gobierno español ha garantizado su apoyo.

Antecedentes
Antes de los años 90 existían en España dos perfiles de apicultor bien diferenciados:
Por un lado los profesionales, procedentes en su gran mayoría de regiones con una larga tradición apícola: Valencia, Extremadura, Salamanca. Se trata de apicultores con un número grande de colmenas, a veces más de mil que se desplazaban (hasta 4 ó 5 veces al año) por todo el territorio siguiendo las floraciones. De estas la que más contribuía a la producción de miel era el Girasol.
Por otro existía un colectivo de apicultores a tiempo parcial, normalmente trabajadores agrícolas por cuenta ajena o propietarios de pequeñas explotaciones agro-ganaderas que ejercían una apicultura para el propio abastecimiento o como complemento de una renta casi siempre insuficiente. Este último grupo practicaba principalmente una apicultura estante, en sus zonas de residencia, mayoritariamente zonas de montaña con vegetación espontánea, con un numero de colmenas por explotación muy inferior, 100 o menos, un nivel tecnológico mucho más bajo, a veces con colmenas de corcho.
El censo de colmenas en todo el país no llegaba a las 1.500.000 colmenas.
Así refleja la situación Alejandro García, apicultor argentino radicado hace varios años en España, en informe exclusivo para Portal Apìcola.
Con este escenario llegan las ayudas a la apicultura de la C.E.E. estas ayudas, mal entendidas fuera de Europa, nunca han sido a la producción sino por polinizar. Se prima el efecto benéfico que sobre el medio ambiente ejercen las abejas. Aunque, por supuesto supusieron una mejora importante en la renta de los apicultores. Hoy por hoy, el final de las ayudas supondría la desaparición de la apicultura en España que quedaría reducida a un tamaño testimonial. Si bien esto sería recibido por algunos colegas argentinos como una buena noticia, es iluso pensar que es algo que vaya a suceder:

¿Por qué la C.E.E. que ha conseguido un estado de bienestar para todos sus ciudadanos va a condenar a sus apicultores (a todos sus agricultores en general) al nivel de vida de un apicultor chino? Entiéndase esto con el máximo de los respetos que merecen todos los seres humanos y la especial simpatía por los colegas de otras razas.
Hay que trabajar por la igualdad, pero igualdad a la alta, no a la baja.

¿Por qué la C.E.E. va a permitir que se desestructure un sector tan estratégico como el agrícola ganadero para pasar a depender de importaciones?, ya vemos lo que está pasando con el petróleo.
Se van a desvincular las ayudas de la producción para evitar una competencia desigual en los mercados internacionales, pero de una manera o de otra, la C.E.E. va a seguir destinando fondos para mantener una agricultura viable, conservación de su medio rural y producción de alimentos de calidad, evitando el despoblamiento de grandes áreas rurales.
La llegada de las ayudas, a pesar de las limitaciones que puso la Administración, ha supuesto un aumento en el censo de colmenas que ha llegado a las 2.500.000. Piénsese que estamos hablando del mismo censo que en Argentina, en un territorio 4 veces más pequeño y con unas posibilidades apícolas que ni en sueño se pueden comparar con las de allí. De hecho, la mayoría de las colmenas están concentradas en pocas zonas.
Hoy día no se convocan ayudas para nuevas explotaciones apícolas.

A este aumento, hasta cifras que sobrepasan claramente las posibilidades de nuestra base territorial, hay que unir otro hecho sobre el que habitualmente se habla poco. El cambio de variedades en los cultivos de girasol, pasando de las que se sembraban hace 20 años, originarias de Georgia, con un periodo de floración de un mes o más y muy melíferas a nuevas variedades procedentes de USA, de ciclo corto (menos de una semana de floración) y poco o nada melíferas.
Muchos apicultores siguen haciendo la trashumancia al girasol entre otras cosas porque no hay cultivos alternativos en esa época del año pero los resultados son los que estamos viendo.

Situación actual
La mejora en la renta de los apicultores que supusieron la llegada de las ayudas y el aumento en los precios de la miel de los pasados años posibilitaron una vertebración del sector y una mejora en el nivel técnico de las explotaciones, sin embargo esto no ha sido impedimento para la severa crisis actual.
Si se observan las estadísticas se ve como el progresivo aumento en el censo de colmenas no se ha correspondido con un aumento similar en la producción de miel, que sigue estancada en torno a las 30.000 Tm. Prueba evidente de la saturación del territorio.
Por si esto fuera poco se viene padeciendo una mortandad alarmante por motivos aun no conocidos. Esta mortandad ha sido especialmente alta en los años 2003 y sobre todo 2004. Con esto un gran número de apicultores han quedado entre la espada y la pared pues al solicitar las ayudas se firma un compromiso de mantener el censo por cinco años y ahora les resulta imposible cumplirlo. Como consecuencia ha aumentado la demanda y el precio de colmenas pobladas, núcleos y enjambres que muchos buscan y es difícil encontrar. Por el contrario, cada vez hay más apicultores que venden su explotación “con el número”. Esto quiere decir con la subrogación en los compromisos de las ayudas.
“De la crisis de precios no voy a decir nada que ahí no sepáis” aclara Alejandro García.

Origen del problema sanitario
Cuando se empezó a detectar el problema sanitario se barajaron muchas posibles causas: Insecticidas sistémicos en el girasol, sequía, virosis, mutación de varroa, etc.
Recientemente, uno de los dos Centros de investigación apícola de más prestigio (Marchamalo) se tira a la piscina sin comprobar si hay agua y culpa del despoblamiento a NOSEMA CERANAE. “Hasta donde yo se, dice garcía, lo único que han hecho es detectar la presencia de este protozoo en colmenas usando una nueva técnica que hasta ahora no se había empleado”, pero:
No se sabe si N. Ceranae esta aquí desde el día anterior al que fue detectada, si llevaba toda la vida y simplemente no se le había diferenciado de su pariente NOSEMA APIS o si apareció justo en la fecha en que se empezaron a morir colmenas y por supuesto no se sabe si las colmenas se mueren por causa de N. Ceranae. No ha habido tiempo material para hacer ningún estudio sobre el particular pero claro, aunque desde Argentina se vea de otra manera, aquí no sobra el dinero y el investigador tiene que atraer presupuesto de alguna forma. De momento ya aparecen los anuncios del antibiótico en las revistas y mucha gente presa del pánico empieza a usarlo.

¿Qué dicen otras voces cualificadas?:
La postura del otro Centro CAAPE es la siguiente:
La detección de N. Ceranae en colmenas muertas no es suficiente para imputarles la muerte. De hecho en cualquier colmena se detecta la presencia de la mayoría de los patógenos (Nosema, Virus, Ascofera y por supuesto Varroa). En análisis de abejas procedentes de colmenas sanas (Entiéndase de colmenas que viven, producen y se reproducen a satisfacción) aparece a veces una carga de esporas de Nosema altísima y sin embargo otras muestras de colmenas muertas por Nosema dan una carga muy inferior.

Las lesiones encontradas en los intestinos de las abejas e imputadas a Nosema son las mismas que las que aparecen en una abeja muerta por un déficit proteínico. (No en todas las muestras se usan las técnicas de biología molecular, esto es caro y lento. La mayoría se diagnostican por técnicas más sencillas, a veces simple observación al microscopio).
Al final, después de oír a unos y a otros la explicación que cobra más coherencia es la siguiente:
Las zonas apícolas en España están muy sobrecargadas. En un año bueno se salvan los muebles e incluso se produce algo, pero cuando vienen las vacas flacas, por ejemplo una sequía seguida de un invierno muy frío, las abejas de otoño sufren déficit de proteínas, pierden longevidad y las colmenas van despoblándose sin poder sobrevivir al invierno. Este déficit proteínico les produce además una depresión del sistema inmunológico, hay que sumar la persistencia de varroa, cada vez más resistente a los productos empleados para combatirla y que debilita a la abeja al succionarle hemolinfa y actúa como transmisor de otras enfermedades. Con esta situación las colmenas son más sensibles a las enfermedades y cualquier protozoo, hongo o lo que sea, de los que hemos dicho que están presentes en todas las colmenas, les provoca una enfermedad que las mata a diferencia de lo que ocurriría en colmenas sanas, fuertes y bien nutridas. Obsérvese que las mayores mortandades se han dado en zonas de presencia masiva de colmenas que provoca agotamiento de los recursos, ya mermados por la sequía y claro está, una transmisión mas rápida de enfermedades entre colmenas.

Conclusión
Alejandro García sacó la siguiente conclusión: “cuando se está inmerso en un problema resulta especialmente difícil tomar la perspectiva suficiente como para llegar a conclusiones objetivas pero en este momento me vienen a la memoria unas palabras de mi maestro”: “El que no aprende por discernimiento tiene que aprender por sufrimiento”.
Toda esta movida va a forzar a un reajuste de la apicultura en España. Cuando en 2006 acabe el ciclo de 5 años de compromisos de las ayudas los censos de muchas explotaciones van a bajar, otras simplemente desaparecerán. Las colmenas se situarán en las zonas donde tengan una garantía de alimento razonable durante todo el año y la trashumancia se realizará de forma más selectiva y con menor número de colmenas. En la población de abejas habrá una nueva selección natural y quedarán las más resistentes a los rigores climáticos y a las enfermedades y en los apicultores quedarán los de mayor nivel técnico y los consentidos a vivir de su trabajo y no solo de “las ayudas que caen del cielo”.