INFORME
Alimentación primaveral.

Apicultura Los Lirios se adelanta a la primavera y le presenta importantes puntos de la alimentación que favorecerán los resultados de una buena cosecha, desde el punto de vista de un reconocido en el tema como Norberto García Girou (*)

La alimentación es el “aporte a las abejas de miel, polen o productos de sustitución con el objeto tanto de cubrir las necesidades indispensables de la colonia en caso de escasez o bien para crear en la colonia una euforia de recolección destinada a favorecer su desarrollo en un período en que los aportes naturales son pobres o inexistentes”, según la define el ingeniero agrónomo Norberto García Girou, reconocido asesor técnico apícola de Buenos Aires.

 

 

En el primer caso mencionado se habla de alimentación complementaria o simplemente alimentación, y en el segundo de alimentación especulativa o incentivación.
García Girou explica que la abeja melífera requiere de una dieta apropiada para su crecimiento y desarrollo; su alimento debe contener sustancias nutritivas para mantener los procesos vitales pero debe tenerse en cuenta que el alimento de las crías es completamente diferente al usado por las adultas.
La miel y el polen son los alimentos naturales de la abeja melífera. La miel está compuesta fundamentalmente por azúcares y prácticamente no contiene proteínas lo que la hace una buena fuente de energías para las abejas. Los individuos adultos de la colmena pueden vivir durante largos períodos de tiempo con una dieta compuesta únicamente por azúcares, sin embargo el polen resulta esencial por su contenido de proteínas y vitaminas para la secreción de los alimentos larvales, el crecimiento de las abejas recién nacidas y el desarrollo de las glándulas hipofaríngeas.
Durante los últimos años algunas fuentes de polen y néctar han desaparecido o disminuido como consecuencia de la aplicación sistemática de herbicidas, el sobrepastoreo, el aumento de superficies dedicadas a cultivos no melíferos y condiciones meteorológicas adversas. En consecuencia en muchas zonas se han acortado los períodos de flujo importante de néctar con lo que sólo recolectan una buena cosecha aquellas colonias que llegan al inicio de las mieladas en buenas condiciones de desarrollo.
Si se tiene en cuenta que desde la postura de un huevo de obrera hasta su desarrollo como pecoreadora transcurren entre 5 y 6 semanas, la postura de la reina durante las 5 o 6 semanas previas a la cosecha no debe interrumpirse si no se quiere disminuir la población de abejas pecoreadoras, los individuos de la colmena con capacidad cosechera. Aquellas colonias que utilizan parte de la mielada principal para completar su retrasado desarrollo primaveral pierden valiosos kilos de miel durante la cosecha.

Teniendo en cuenta la situación descripta, la adecuada nutrición artificial de las colonias durante los períodos de escasez de néctar y/o polen que se produzcan en la etapa de precosecha adquiere su mayor importancia.
Como con la mayoría de los quehaceres apícolas, para la alimentación no hay una receta infalible válida para todas las colonias sino que el modo cómo se realicen tanto la alimentación como la incentivación está fuertemente determinado por las características de la zona dónde se encuentren los colmenares.
 

Es conveniente que en el momento de abastecer los colmenares el productor diferencie la calidad del alimento para el invierno de aquel que se da en la primavera. El especialista bonaerense expresa que para la estación fría no son aconsejables los jarabes con alto contenido de agua ya que pueden incentivar demasiado temprano la postura de la reina y estimular el vuelo de las abejas en un período cuando las temperaturas externas pueden resultar fatales. En cambio durante la primavera, cuando la temperatura externa es mejor, las colonias pueden recibir jarabes azucarados menos concentrados los cuales, por simular un ingreso natural de néctar, estimularán la postura de la reina.
Los jarabes azucarados que se suministran durante la primavera pueden tener una concentración de azúcar del 50 por ciento en tanto que la de los destinados al consumo invernal puede ser del 66 por ciento ya que el mismo debe ser suficientemente concentrado, además de no cristalizado y altamente asimilable para reducir la acumulación de residuos en la ampolla rectal. Para época de invierno, el jarabe de azúcar concentrado, el de maíz de alta fructosa o un candi son apropiados.

INCENTIVACIÓN

La incentivación artificial tiene como objetivo aumentar la postura de la reina mediante la utilización de sustitutos de polen. Sin embargo, aunque la cantidad de cría se puede aumentar, Norberto García Girou aclara que la cantidad de larvas que una colonia puede criar está limitada por la capacidad de crianza de sus nodrizas.
Si se quiere incrementar el número de cría es importante que exista un adecuado aprovisionamiento de azúcares, proteínas y vitaminas. Para simular el ingreso de néctar se utilizan jarabes azucarados con una concentración del 40 o 50 por ciento de azúcar, en una dosis (es la más usual) de un litro de jarabe por semana y por colonia, y para cubrir los requerimientos de proteínas y vitaminas se utilizan suplementos de polen - mezcla de algún elemento substitutivo del polen, harina de soja por ejemplo, con polen natural - o sustitutos - alimento que reemplaza por completo al polen natural.
Movidas por el interés de saber qué es verdaderamente lo que estimula a la reina, si la miel o el polen y basándose en sus conocimientos que para que la abeja se críe hacen falta las proteínas y es el polen el que las contiene las apicultoras Nora y Silvina Prietto, hijas del reconocido criador de reinas de Junín, realizaron una experiencia y demostraron que lo que incentiva verdaderamente es el polen y no la miel como creen muchos productores.
Como el aumento de la cría logrado mediante la incentivación artificial trae aparejado un aumento significativo del consumo de las reservas azucaradas, si existen dudas acerca de la cantidad de reservas se aconseja distribuir jarabes de alimentación y no de incentivación ya que el jarabe al 50 por ciento no constituye un buen alimento para las colmenas.

Requisitos para poder incentivar
Norberto García Girou indica que se puede incentivar a las colmenas de forma artificial sólo si se cumplen dos requisitos fundamentales: La existencia de abundantes reservas de miel o sustituto azucarado, y floración escalonada que implique una entrada natural de néctar y polen, de lo contrario, al producirse un corte en el ingreso de alimentos, las colonias se estresarán y resultará una colonia en peores condiciones que antes de la incentivación.
La segunda condición requiere del apicultor un profundo conocimiento de las fechas de floraciones como así también de la meteorología propia de la región para lograr un buen provecho de la incentivación artificial.
 

Resultados variables
Los resultados no son los mismos en todos los casos; en general el efecto es más notorio en los núcleos que en las colmenas bien desarrolladas.
La distribución de jarabe incentivante muy temprano puede ser contraproducente debido a que el período de incentivación disminuye el largo de vida de las abejas de invierno hecho que puede producir la reducción de la población pecoreadora de la colonia.
Cuando las condiciones naturales no son buenas, la distribución de jarabe denso, con una concentración del 66 por ciento, puede producir un mejor desarrollo de la postura que el suministro el jarabe al 50 por ciento.
La incentivación durante el otoño sólo se justifica en el caso de reinas fecundadas al final de la temporada, caso que mejoraría el posterior desarrollo primaveral de la colonia.

Sustitutos de polen
En un informe realizado por el asesor técnico apícola se presentan distintos sustitutos del polen y las proporciones que se deben poner de sus diferentes componentes, según se administren como mezcla seca o como patty.

García Girou indica que aún no se disponen sustitutos que resulten económicos y que reemplacen perfectamente al polen.
De los compuestos sustitutivos del polen propuestos, el primero es el más usado en apicultura, en el cual el harina de soja es la principal fuente proteica y la levadura de cerveza es la mayoritaria del complejo vitamínico B.

 
En lo que respecta a los elementos individuales, el que cualitativamente mejor sustituye al polen es la levadura de cerveza en tanto que el harina de soja Erickson y Herbert recomiendan utilizarla tostada conteniendo como máximo el 7 por ciento de grasas y del 45 al 60 por ciento de proteínas.

En lo que respecta a los elementos individuales, el que cualitativamente mejor sustituye al polen es la levadura de cerveza en tanto que el harina de soja Erickson y Herbert recomiendan utilizarla tostada conteniendo como máximo el 7 por ciento de grasas y del 45 al 60 por ciento de proteínas.

Aceptación de los suplementos
Debido a que los suplementos del polen no siempre son bien aceptados por la abejas, el asesor técnico apícola bonaerense aconseja colocarlos cerca del nido de cría y utilizar sustancias como aceite de anís, de hinojo o esencia artificial de miel para lograr una mejor tolerancia.
Algunos sustitutos para incentivar
García Girou comenta que Van Toor logró un aumento del 36 por ciento de la producción comercial de jalea real mediante el suministro de un sustituto de polen compuesto por el 12 por ciento de lacto albúmina, el 23 por ciento de levadura de cerveza desactivada y el 65 por ciento de azúcar blanca, más el agregado del 50 por ciento de agua con relación al peso de azúcar. Esta pasta se divide en porciones de 500 gramos las que se apanan hasta lograr un espesor de 10 milímetros y se guardan en freezer a 15 º centígrados bajo cero, entre hojas de papel encerado de un tamaño de 200 milímetros tanto de largo cuanto de ancho, hasta ser usadas.
García Girou comenta que Weaver y Chauthani lograron un sustituto de polen totalmente líquido en el que reemplazaron la levadura de cerveza por un complejo vitamínico sintético.

ALIMENTACIÓN ARTIFICIAL COMPLEMENTARIA

En un informe realizado por García Girou se explica que la primera pauta para diagnosticar el padecimiento de hambre en una colmena es la inexistencia de reservas de miel o jarabe azucarado en la parte superior de los marcos que rodea al área de cría. La colonia al notar falta de reservas azucaradas comienza a matar huevos y cría abierta, fenómeno que se detecta por la presencia de cría muerta en la piquera. A partir de ese momento, la población comienza a disminuir hecho que no sólo tendrá consecuencias inmediatas sino que al faltar una generación de crías, la ausencia de nacimientos se notará luego de algunas semanas de iniciada la hambruna, aunque esta ya haya cesado.
La consiguiente falta de pecoreadoras producirá efectos a partir de las 6 semanas desde que en la colonia faltó el alimento. Esta situación es grave pero mayor importancia reviste aún si el hambre se produce durante las semanas previas al inicio de la cosecha. A este panorama suele agregársele la aparición de enfermedades dado que ciertos parásitos encuentran un blanco fácil en los individuos estresados.
Una colonia que sufrió un período de hambruna prolongado durante la primavera necesitará de varias generaciones de abejas para recomponer y equilibrar su población. Como consecuencia, utilizará gran parte del período de mielada principal para recuperar su equilibrio poblacional, disminuyendo de esta forma la cosecha de miel.

Diferentes alimentos.
La miel

A pesar de que la miel es el alimento energético natural de las abejas, el fuerte pillaje que puede provocar su distribución, la transmisión de enfermedades apícolas a través de la misma y su mayor valor comercial con respecto a sus sustitutos, son algunas de las razones que no hacen aconsejable su suministro para la alimentación de las colonias.
García Girou recuerda que la miel vieja o sobrecalentada y la fermentada no son buenas como alimento ya que la primera tiene bajo valor nutritivo y en el caso de la segunda, los productos del metabolismo de las levaduras pueden resultar tóxicos para las abejas.
 

La glucosa y la sacarosa
Distintas experiencias demuestran que la sacarosa es más aceptada y produce mejores resultados que la glucosa. Cuando las abejas se alimentan por sus propio medios visitan preferentemente, según explica García Girou basándose en Pouvreau y Marilleau, las flores cuyo néctar tiene como azúcar predominante a la sacarosa.
Hanson y Sandberg probaron diferentes proporciones de glucosa y sacarosa para la alimentación invernal y el mejor resultado lo obtuvieron de las colonias alimentadas con jarabe de sacarosa en tanto a las que se les suministró jarabe con alta proporción de glucosa( 75 por ciento de glucosa y 25 por ciento de sacarosa) quedaron en malas condiciones en la finalización del invierno. También experiencias realizadas por Ewies y Ali y comentadas por García Girou demuestran que las abejas prefieren los jarabes de sacarosa más que los de glucosa o fructosa, de azúcar invertido o los de melaza.
La calidad del azúcar de caña (sacarosa) y la aceptación por parte de las abejas depende del grado de refinación. El azúcar rubia es menos aconsejada que la refinada y se la puede utilizar para la alimentación sólo cuando existen condiciones que permiten buena actividad de vuelo y la eliminación constante de la materia fecal, ya que este tipo de azúcar puede provocar en el intestino posterior una acumulación exagerada de materia fecal. La poca aceptación, según la experiencia de García Girou, suele generar desperdicios de jarabe fermentado en los alimentadores.
El azúcar seca puede suministrarse en forma seca, de candi o de jarabe.
El azúcar administrado como candi es indicado para la alimentación en pleno invierno y para las abejas en viaje. Para su consumo las abejas necesitan agua que se puede suministrar especialmente, o en el caso de las abejas de invierno estas aprovechan el agua producida por la condensación dentro de la colmena. El candi es ingerido más lentamente que el jarabe y no produce la excitación de este último, sin embargo dado el costo del trabajo para su preparación se lo utiliza para la alimentación de un número limitado de colmenas o para circunstancias muy especiales.
El azúcar seco que se puede administrar en alimentadores, sobre entretapas con agujeros o sobre una hoja de papel de diario colocada sobre los panales- presenta las ventajas de no necesitar preparación y distribuirse con facilidad, pero tiene la desventaja que la colonia necesita de aprovisionamiento constante de agua ya que la abeja requiere disolver el azúcar para consumirlo; además algunas individuos de la colonia lo tratan como impureza dentro de la colmena y sacan parte del suministro por la piquera.

El asesor apícola de Buenos Aires manifiesta que experimentos realizados por especialistas demostraron que la producción de miel de colonias alimentadas con jarabe de sacarosa al 60 por ciento fue superior que la de las colonias que se les había provisto azúcar seca.
El jarabe concentrado de azúcar al 66 por ciento puede utilizarse durante todo el año, sin embargo, si durante el invierno fuera necesario alimentar a las colonias, resulta más conveniente el candi ya que no estimula la postura.
 
El producto más utilizado para la preparación de jarabe es el azúcar blanco cristalizado.
Algunas experiencias demostraron que las colonias alimentadas con jarabe de sacarosa aumentan la recolección de polen debido a un incremento en la población de abejas recolectoras; la cantidad de polen recogido se duplicó al suministrar jarabe con una concentración de sacarosa del 62 por ciento y se triplicó con jarabe al 40 por ciento. Este incremento adquiere mayor significación si se considera que también aumenta la eficacia polinizadora de las colonias.


El jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF)
Este jarabe que deriva de la hidrólisis del almidón de maíz, incitaría menos al pillaje que el jarabe de sacarosa por resultar menos atractivo para las abejas. Estos jarabes son ofrecidos, en composiciones diversas, por distintas empresas a nivel nacional.
De comparaciones realizadas en laboratorio de los jarabes de maíz de alta fructosa, de uva, de miel y de sacarosa se concluyó que el largo de vida de las abejas alimentadas con jarabe de sacarosa fue el superior a todos, pero sólo estadísticamente mayor al correspondiente al jarabe de uva. En lo que respecta al consumo diario de jarabe, a la producción de cera y al número de celdas con miel operculadas no se encontraron diferencias entre los jarabes de miel, sacarosa y alta fructosa.
Según un estudio citado por García Girou en el que se compararon jarabes al 66 por ciento de JMAF42, JMAF55, sacarosa y glucosa, los mejores azúcares para la alimentación complementaria de las abejas son el JMAF55 y la sacarosa.
El JMAF tiene las ventajas sobre el jarabe de sacarosa, que no necesita preparación, fermenta más lentamente e incita menos al pillaje; pero el jarabe de maíz también presenta algunas desventajas respecto de la sacarosa ya que resulta más caro si se tiene en cuenta su contenido acuoso, solidifica en primavera dificultando la distribución del mismo y encierra el peligro de adulteración de la miel de cosecha, dado que las abejas lo almacenan y lo tratan como si fuese miel.

FUENTE PROTEICA
PARTES EN PESO
COMO MEZCLA SECA
COMO PATTY
HARINA DE SOJA
3
3
LEVADURA DE CERVEZA
1
1
LECHE DESCREMADA
1
1
SACAROSA: AGUA (DOS PARTES Y RESPECTIVAMENTE
10
LEVADURA DE CERVEZA
2
3
SACAROSA
3
3
AGUA 2,5
HARINA DE SOJA
2
3
SACAROSA
3
3
AGUA 2,5

PREPARACIÓN DEL JARABE

Para la fabricación de jarabe para las abejas el producto más utilizado es el azúcar blanco cristalizado.
Para preparar un jarabe para alimentación de dos partes de azúcar en una de agua, es necesario calentar el agua; una vez que llegó a un punto cercano al hervor se retira del fuego. Con el fin de lograr una adecuada disolución del azúcar se revuelve la solución mientras se agrega el azúcar en forma de lluvia operación que se puede realizar en forma manual con una paleta perforada con mango (ver figura 1), o de manera mecánica para lo que algunos apicultores adaptan maquinarias tales como mezcladoras y extractores de miel.
Para la preparación de grandes volúmenes de jarabe, Norberto García Girou utilizó una cuba y logró resultados exitosos. La agitación se logra por un circuito cerrado accionado por una bomba (ver figura 2).
La bomba se debe prender antes de comenzar a verter el azúcar ; si la solución no se agita mientras se hecha el azúcar, este se acumula en el fondo y no se logra una buena disolución final.
Para el jarabe de incentivación con un 40 o 50 por ciento de sacarosa no es necesario calentar el agua ya que a una temperatura de 20 grados centígrados se logra una buena disolución.

 


(*) Nota extraída de la Edición N° 18 de Apicultura Revista Los Lirios.