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Las abejas constantemente mueven la miel dentro de la colmena de
manera de lograr una buena homogenización de sus reservas.
Ese comportamiento trae como consecuencia que las reservas que quedan
sin consumir, cuando comienza la mielada, pueden luego aparecer
al cosechar las alzas. Así, los apicultores a veces observamos
que aún transcurrido un tiempo después de la colocación
de las alzas, las abejas pueden subir reservas desde de la cámara
de cría a las alzas antes del comienzo de la entrada estable
de néctar.

Los días antes del comienzo de la mielada, el apicultor debe
revisar las reservas de sus colmenas
porque, como es sabido, un faltante de alimento en ese momento puede
ocasionar una disminución de la postura de la reina y en
casos más graves un despoblamiento de las colonias con la
consiguiente merma en la cosecha de miel. En ese momento se debe
entregar a las colmenas la cantidad de alimento estrictamente necesaria
para evitar el hambre en la colonia, pero minimizando la posibilidad
de contaminar la futura miel con una alimentación más
abundante de la necesaria.
Tanto los jarabes livianos distribuidos para incentivar la postura
de la reina, como los jarabes
densos, pueden potencialmente contaminar la miel si no son consumidos
totalmente antes del ingreso principal de néctar.
Principales alimentos artificiales utilizados para la alimentación
de las abejas
Jarabes de Maíz de Alta Fructosa (J.M.A.F.)
Estos jarabes
se obtienen a partir de la hidrólisis (ruptura química)
del almidón de maíz y poseen, de acuerdo al proceso
de elaboración empleado, una composición química
variable. Dos productos muy utilizados para la alimentación
de las abejas son el J.M.A.F 42 y el J.M.A.F. 55. Ambos jarabes
tienen un contenido variable de agua que puede ir desde un 19% hasta
aproximadamente un 29%. La composición de sólidos
del J.M.A.F. 42 es de alrededor de un 42% de
fructosa, un 53% de glucosa y un 5% de otros azúcares. El
J.M.A.F. 55, por su parte, contiene un 55% de fructosa, un 41 %
de glucosa y un 4 % de otros azúcares. Las composiciones
mencionadas pueden variar, por lo que el apicultor debe consultar
a su proveedor no sólo el contenido acuoso del jarabe que
adquiere (por obvias razones económicas) sino también
la composición azucarada del jarabe de maíz a adquirir,
tratando de evitar aquellos jarabes con un alto contenido de azúcares
superiores o dextrinas ya que este tipo de azúcares son de
muy difícil digestión para la abeja.
Tanto el J.M.A.F
42 como el J.M.A.F. 55 son recomendables para la alimentación
de las colmenas, siendo el J.M.A.F. 55 levemente superior desde
el punto de vista nutritivo para la abeja.
Azúcar de caña o Sacarosa
El
azúcar de caña es probablemente el sustituto de miel
más utilizado en apicultura. Resulta muy
atractivo y de fácil digestibilidad para las abejas. El azúcar
refinada contiene más del 99% de sacarosa y generalmente
constituye la alternativa más económica para alimentación
artificial de las abejas.
La mejor forma de suministro de sacarosa a la colmena es mediante
la preparación de jarabe al
66% de sacarosa, esto equivale a dos partes de azúcar por
una de agua. Se ha demostrado que no resulta conveniente para la
salud de la abeja el agregado de ácidos (por ejemplo tartárico)
para el desdoblamiento de la sacarosa en glucosa y fructosa. Lejos
de resultar beneficioso, este
desdoblamiento químico de la sacarosa por medio de ácidos
resulta perjudicial debido a la producción de hidroximetilfurfural
(H.M.F.), el cual disminuye el largo de vida de las abejas.
Si por razones de costo se utiliza algún tipo de azúcar
no refinado, productos de desecho de
caramelería, melazas o azúcar rubia, sólo debe
hacérselo en primavera. El desdoblamiento de los
azúcares no refinados genera H.M.F. en el intestino de la
abeja. En invierno, por la menor frecuencia de evacuación
de las heces, ese H.M.F. puede acumularse en el cuerpo de la abeja
hasta alcanzar niveles tóxicos. Por su parte, el azúcar
rubia puede resultar tóxica como alimento invernal por su
alto contenido de pectinas y galactosa.
Por lo anteriormente expuesto, se recomienda la preparación
de jarabes de sacarosa mediante el
simple calentamiento del agua (80-90 grados centígrados),
el agregado de la cantidad correspondiente de azúcar de buena
calidad, un buen proceso de agitación hasta lograr la disolución
final y ningún tipo de agregados adicionales.
Detección de contaminación
o adulteración de la miel
Para comprender
cómo hoy en día resulta posible distinguir mediante
un análisis de laboratorio si un azúcar proviene de
una planta melífera o de un sustituto artificial debemos
introducirnos en algunos conceptos de fisiología vegetal
y de química.
Las plantas toman el anhídrido carbónico del aire
y mediante el proceso de fotosíntesis fabrican azúcares.
En el reino vegetal existe un grupo de plantas que fijan ese anhídrido
carbónico en compuestos de tres átomos de carbono
y son las denominadas plantas C3. Todas
las especies melíferas pertenecen a plantas C3. En contraposición,
existe otro grupo de plantas más evolucionadas, denominadas
C4, que fijan el anhídrido carbono en moléculas de
cuatro átomos de carbono.
Dentro de las plantas C4 se encuentran el maíz y la caña
de azúcar, especies de donde se originan los dos alimentos
más comúnmente utilizados en la alimentación
artificial de las abejas: los jarabes de maíz y el azúcar
de caña.
La gran parte del carbono que constituye las moléculas orgánicas
de los seres vivos es el denominado Carbono 12. Sin embargo, existe
también en todos los cuerpos de los seres vivos una pequeña
porción de átomos de carbono denominados Carbono 13.
Sorprendentemente, las plantas melíferas (plantas C3) producen
azúcares con una proporción Carbono13/Carbono12 menor
que las plantas C4 como la caña de azúcar y el maíz.
Por ello, mediante análisis de laboratorio se puede detectar
la presencia aún de pequeñas cantidades de jarabes
artificiales en la miel.
Causas
de contaminación y adulteración de la miel
La
presencia de jarabes de maíz o de azúcar de caña
en la miel puede tener diferentes orígenes:
• La adulteración deliberada por parte de operadores
del comercio de la miel o de apicultores que
inescrupulosamente agregan en forma directa a la miel sustitutos
artificiales de menor valor. El
sustituto utilizado para la adulteración es el jarabe de
maíz de alta fructosa.
• La alimentación de colmenas durante el flujo de miel
con la deliberada intención de aumentar la cosecha “pensando”
que el pasaje de estos sustitutos por el sistema procesador de néctar
de la abeja pueda encubrir la adulteración. Ello no es así
y esta inescrupulosa práctica de algunos apicultores puede
ser fácilmente detectada en el laboratorio tanto si se realiza
con jarabes de azúcar de caña como de maíz.
• Finalmente, y sin ninguna mala intención, el apicultor
puede alimentar sus colmenas en exceso los días previos a
la mielada. De esa manera genera reservas que no son consumidas
por la abeja y que pueden contaminar la miel. Hablamos en este caso
de contaminación y no de adulteración porque la cantidad
de sustitutos artificiales que pueden llegar a la miel es cuantitativamente
mucho
menor a los casos de adulteración deliberada e inescrupulosa.
De todos modos, como a los apicultores decentes y cuidadosos de
su noble producto no
les interesa ser confundidos con otros de diferente comportamiento,
deben ser muy
atentos con la alimentación artificial los días y
semanas previas al ingreso principal de
néctar.
La Resolución MERCOSUR Nº 15/94 y la normativa europea
definen a la miel como “el producto alimenticio producido
por las abejas melíferas a partir del néctar de las
flores o de las secreciones procedentes de partes vivas de las plantas
o de excreciones de insectos succionadores de plantas que quedan
sobre partes vivas de plantas, que las abejas recogen, transforman,
combinan con sustancias específicas propias y almacenan y
dejan madurar en los panales de la colmena. La miel deberá
estar exenta de sustancias inorgánicas u orgánicas
extrañas a su composición” .
Cómo
alimentar en OTOÑO
Cómo alimentar en INVIERNO
Cómo alimentar en PRIMAVERA
Bibliografía
* Boquet, M., 1994. Le Nourrissement. O.P.I.D.A. (Ed.), Echaufour.
158 págs..--García Girou, N.L., 2002.
* Fundamentos de la Producción Apícola Moderna. 187
págs..- White, J.W. Jr., 1991. Honey. En: The Hive and the
Honey Bee. Dadant & Sons (Ed.).
(**)
Artículo extraído del Boletín Trimestral Nº25,
de la Dirección Nacional de Alimentación.
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Cómo
alimentar en OTOÑO :
El
alimento azucarado destinado al consumo invernal debe
ser suficientemente concentrado, en lo posible no cristalizado
y ser altamente asimilable, de manera de reducir la
acumulación de desechos en la ampolla rectal.
El jarabe de azúcar de caña concentrado
(66% de azúcar), el jarabe de maíz de
alta fructosa o un candi son formas de alimentación
azucarada apropiadas para el período otoño-invernal.
No es aconsejable para esta época distribuir
jarabes con alto contenido de agua, dado
que estimulan el vuelo de las abejas con temperaturas
externas que les pueden resultar
fatales, e incentivan demasiado tempranamente la postura
de la reina. En general, la distribución de jarabe
conteniendo de 8-10 kgs. de sacarosa por colonia resulta
suficiente para llegar en forma apropiada a los inicios
de la próxima primavera.
Como ya se mencionara, se debe evitar el uso de jarabes
de azúcar rubia, de azúcar invertido,
mieles fermentadas o mieles oscuras dado que no son
bien digeridos por la abeja y provocan la acumulación
de sustancias tóxicas en su tracto digestivo
cuando ésta no realiza vuelos de evacuación
de heces frecuentes.
En zonas de mielato otoñal (abundancia de sauces,
robles, y otras) se aconseja la cosecha del mielato
y la alimentación de las colonias con jarabe
artificial. Los mielatos tienen un contenido elevado
de minerales, especialmente potasio, lo que duplica
la mortalidad de las abejas.
Una vez finalizada la temporada, se debe suministrar
el alimento tan pronto como se constate la insuficiencia
de reservas de miel para la invernada (marzo-abril-mayo
para las condiciones de la provincia de Buenos Aires).
Se debe recordar que en los otoños templados
y en ausencia de ingreso natural de néctar, puede
haber un consumo de miel mayor al previsto.
Durante el otoño, es preferible alimentar cuando
todavía el clima es templado para permitir que
las abejas procesen el jarabe y lo transformen en reservas,
pero no tan temprano como para incentivar la postura
de la reina.
No existen diferencias en cuanto a la invernada y posterior
desarrollo primaveral de las colonias si se deja abundante
miel o si se la cosecha y sustituye en cantidades equivalentes
por un sustituto apropiado.
Nuestra experiencia para el sudoeste de la provincia
de Buenos Aires en la invernada de divisiones de fin
de temporada nos indica un desarrollo primaveral igual
o superior de las colonias invernadas totalmente sobre
la base de jarabe de sacarosa que las colonias invernadas
con miel.
Si es posible, suministrar de una sola vez (o dos) todo
el jarabe que se considera necesario para la invernada.
Si se suministra el jarabe en pequeñas dosis
se estimula la postura de la reina.
Normalmente no existe riesgo de una posible contaminación
de la miel con sustitutos artificiales
usados en otoño dado que el consumo invernal
y el posterior desarrollo primaveral de la colonia,
a expensas de tales reservas, hacen que, para la época
de comienzo de la mielada, no existan ya rastros del
sustituto utilizado en otoño.
Cómo
alimentar en INVIERNO
No
es aconsejable la alimentación de las colonias
en pleno invierno, pero si la alimentación otoñal
no se pudo realizar a tiempo o fue insuficiente, se
debe suministrar un alimento con bajo contenido acuoso
dado que el exceso de humedad en la colmena es nocivo
en invierno. Para esta época se recomienda la
alimentación con candi o bien con jarabes de
maíz con un contenido del 81% de sólidos.
El alimentador se colocará lo más próximo
posible a la bola invernal para facilitar el consumo.
Cómo
alimentar en PRIMAVERA
Durante
esta época se recomienda la distribución
de jarabe de sacarosa al 66% para recomponer las reservas
que se van agotando. Si se distribuye jarabe en forma
abundante también se logra
promover la postura de la reina. Cuando se alimenta
con tiempo frío, a finales de invierno o principios
de primavera, no suministrar un volumen de jarabe desproporcionadamente
grande
en relación al tamaño de la colonia de
abejas.
El jarabe no retirado del alimentador luego de algunos
días fermenta y se desperdicia. Las colmenas
fuertes pueden recibir, en ese momento, unos 5-6 kilos
de jarabe por vez y los núcleos la mitad o menos.
Nuevamente para el caso de tiempo frío y si se
trata de alimentar núcleos, se debe colocar el
jarabe lo más próximo posible al nido
de abejas.
Se ha demostrado que la distribución de jarabes
de sacarosa, además de suministrar azúcar
y agua a las colonias, aumenta la recolección
natural de polen. Esto resulta importante para el desarrollo
primaveral de la cría como así también
para aumentar la eficiencia polinizadora de las colmenas.

El gran desarrollo de la cría que se da en primavera
genera una fuerte demanda de polen que muchas veces
la colonia de abejas no alcanza a cubrir. Si la deficiencia
no es severa, se puede optar por la distribución
de sustitutos de polen en forma líquida.
Si la deficiencia, en cambio, es severa, se hará
necesario el suministro de sustitutos de polen
más concentrados en forma de tortas. Los sustitutos
de polen en forma de torta no constituyen una vía
posible de contaminación de la miel. Finalmente,
y como ya se mencionara al principio de
este artículo, en la primavera avanzada, y cuando
la mielada se aproxima, el apicultor deberá revisar
más frecuentemente sus colmenas para evitar la
falta de
alimento azucarado por una lado, y por el otro no
entregar jarabes de azúcar en exceso que puedan
contaminar la futura cosecha de miel.
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