UNA BUENA ALTERNATIVA
El cultivo de colza, aliado del sector apícola
Portal Apícola | Lunes 19 de Julio de 2010
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El auge indiscriminado en el cultivo sojero “robó” las tierras que utilizaba el productor apícola. El cultivo de colza, se presenta como una alternativa razonable.

A partir de la década del 70, el cultivo de colza tuvo a nivel mundial un gran auge, convirtiéndose en una de las principales oleaginosas en algunos países como Canadá, Francia, China, Australia, India, entre otros. Su desarrollo, se produjo a partir de la mejora genética en sus semillas, que permiten aumentar la calidad del aceite y bajar los niveles de toxicidad de la harina.
En la producción mundial de granos, durante el ciclo 1998/99, la colza ocupó el segundo lugar con el 13 por ciento en orden de importancia dentro de las diez primeras oleaginosas, luego de la soja que aporta el 54 por ciento del volumen total y seguido por el algodón con el 11 por ciento, el girasol 9 por ciento y el maíz con un 7,5 por ciento, entre otras, señala un artículo elaborado por Héctor Raúl Triccó del INTA Pergamino que Portal Apícola presenta en versión periodística.
En la región triguera argentina, para el productor agropecuario que maneja superficies importantes con cultivos de invierno, la colza se convirtió en una alternativa de diversificación para enriquecer el esquema de rotación.
Sin embargo, este cultivo aun no tuvo una expansión adecuada, debido a tres factores principales.
- Por ser una semilla de forma esférica y de tamaño minúsculo resulta difícil el manipuleo de la cosecha y de la post-cosecha, existiendo escasos equipos adecuados para tal fin.
- Falta de apoyo técnico y escaso asesoramiento en el acopio y posterior comercialización.
- El nivel de precios es poco alentador, en relación con su competidor en la rotación, el cultivo de trigo.

Colza y apicultura en la Región Pampeana

Por sus condiciones agroecológicas, la provincia de Buenos Aires fue tradicionalmente el principal productor de miel de nuestro país, alcanzando a un 45 por ciento del total.
Pero, a partir de la década del 70, con la revolución de la soja y el proceso de agriculturización los apiarios se fueron paulatinamente quedando sin las fuentes nectíferas.
Además, el uso intensivo de los herbicidas prácticamente terminó con la flora autóctona (cardos, nabos, diente de león, vara de oro, etc.) que crecían espontáneamente debajo de los alambrados y en las banquinas.
En 1996, debido al fracaso de la cosecha de miel y a la falta de stocks a nivel mundial, los apicultores argentinos se vieron favorecidos con un aumento del precio. La alta rentabilidad de la actividad permitía trasladar los apiarios siguiendo las floraciones de las distintas épocas a eucaliptos, chilca y citrus en la provincia de Entre Ríos, al algarrobo en San Luis y Córdoba, a las pasturas en La Pampa, al citrus en San Pedro y Tucumán entre otros lugares. En la actualidad, el panorama ha cambiado debido al constante aumento que tuvo el gasoil, uno de los principales insumos de la actividad.
Para intentar enfrentar esta difícil situación que atraviesa el sector desde hace varias temporadas y que amenaza con acrecentarse con el correr de los años, varios apicultores analizan sembrar este cultivo en sus propios lotes, alquilando campos y reemplazando la clásica rotación trigo-soja.
Estas alternativas son todo un desafío, porque el tradicional apicultor se convertiría en un potencial productor agropecuario, hecho que plantea algunas dudas y demora las decisiones.
Sin embargo, evitaría afrontar los gastos del traslado de los apiarios, actividad que se esta tornando poco rentable.
Otra opción, es conectarse con agricultores que siembran sus lotes de colza con una marca de semilla compuesta por una asociación varietal. Este cultivar, necesariamente depende de la presencia de abejas como agente polinizador para desarrollar a pleno su potencial productivo.
Por consiguiente, los productores que utilizan estas semillas reciben con agrado colmenas de terceros en sus campos.
En cuanto la colza comienza a florecer, a principios de primavera, por un espacio de 40 a 45 días las abejas se incentivan naturalmente al máximo, no produciendo mucha miel, pero se notará una gran mejora en la postura y en el crecimiento de la población, etapa en que el apicultor aprovecha para realizar las multiplicaciones. La receptividad adecuada en un lote de esta oleaginosa, con una altura de hasta 1,60 metros y con una densidad de 60 a 100 plantas por metro cuadrado, es de hasta diez colmenas por hectárea.






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