INFORME

Monitoreos, factor clave en el bienestar de las colmenas
Portal Apícola | Jueves 17 de Abril de 2014
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La carga de ácaros presente nos indica la gravedad de la parasitosis. A su vez, podremos evaluar el éxito de los tratamientos aplicados y decidir en qué momento y con qué productos nos conviene curar.

Plan zonal

La mayoría de los apicultores consultados por nuestro medio sobre éste tema, no dudaron en afirmar que sería fundamental implementar planes sanitarios zonales a consciencia, donde quede especificado los momentos de cura y además que productos serán aplicados.

Los monitoreos sanitarios son fundamentales en el desarrollo de una colmena pensando en la próxima temporada de cosecha, y en consecuencia es clave que los productores apícolas los realicen correctamente y en el momento indicado.
La carga de ácaros presente en las colmenas nos indica la gravedad de la parasitosis. A su vez, a través de la carga parasitaria podremos evaluar el éxito de los tratamientos aplicados y decidir en qué momento y con qué productos nos conviene curar.
Esta práctica toma todavía más relevancia en los últimos años por la creciente resistencia que el ácaro Varroa a generado a varios principios activos, fundamentalmente al cumafos y en algunos casos al amitraz, pero además frente a los largos períodos de inundaciones y/o sequía que sacuden desde hace varios años distintas zonas del país y que obviamente ocasionan un déficit nutricional que trae aparejado un estrés que debilita y deja susceptible a las abejas de contraer diferentes enfermedades, sobre todo de tipo parasitarias.
Los especialistas recomiendan, al menos, cuatro monitoreos anuales. Antes y después de la cura de otoño, antes y después de la cura pre primaveral.
Sin embargo, según destacaron varios técnicos consultados por nuestro medio, hay muchos apicultores que por errores técnicos o exceso de confianza muchas veces no monitorean tras el tratamiento antes de ingresar a la invernada y luego al abrir las colmenas pensando en la próxima zafra se encuentran con colmenas muy deterioradas, con un déficit poblacional importante y que en varias ocasiones prácticamente no podrán ser recuperadas para aprovechar la floración de la zona.

Desde el INTA

Desde el INTA Rafaela, Provincia de Santa Fe, Emanuel Orellano (EN LA FOTO) destacó que los apicultores son reticentes a realizar los monitoreos, fundamentalmente porque están acostumbrados a aplicar un acaricida y dejar las colmenas cerradas confiando en que funcione correctamente, y enfatizó “es una herramienta clave en la actualidad por el problema de la resistencia, por la falla de algunos acaricidas. Hoy la realidad cambio y más aun en un ambiente que no es favorable para las abejas”, y continuó “los datos que tenemos es porque nosotros vamos a monitorear o porque los asesores de cambio rural están detrás de ellos para que monitoreen”.
Orellano destacó, además, que deben efectuarse como mínimo cuatro monitoreos anuales. “pre y post tratamiento antes del otoño y luego en el invierno otro para saber como viene la colmena y si hay niveles que superen el 1 por ciento debemos aplicar otro tratamiento sanitario”.

Niveles actuales

Desde INTA Rafaela manejan datos de infestación actual que oscilan entre el 4 y el 8 por ciento, con algunos casos puntuales que llegan al 11, es decir datos que indican porcentajes normales. “Ahora se deben tratar las colmenas y a los 40 días realizar el monitoreo post tratamiento, pero en principio no habría grandes inconvenientes”, y lo comparó con la temporada anterior. “El año pasado teníamos el 22 por ciento y debimos salir a curar con urgencia (en la zona utilizan sintéticos). Pos tratamiento llegaron con niveles del 7 al 8 por ciento. Eso indicó que el producto anduvo bien pero que no llegó a curar en su totalidad a las colmenas, así que aplicamos otro producto de síntesis”.

Palabra de apicultores

Para tener una visión práctica de cómo los productores atienden el aspecto sanitario de sus colmenas, nuestro medio recorrió varias localidades importantes de la actividad en nuestro país.
En general, todos los apicultores consultados aseguraron que realizan monitoreos, aunque varía la cantidad y también los productos sanitarios que se aplican.
Desde la localidad bonaerense de Pontevedra, Paula González fue muy gráfica de la situación actual y explicó “en mi caso realizo las curas de rigor que ya no son dos como antes sino tres curas anuales. Primavera, Post-cosecha y Otoño”, y prosiguió con el concepto  “por supuesto, un buen observador de sus colmenas no debería dejar pasar ciertos síntomas que nos revelan la presencia ineludible de Varroa y que nos hacen, no sólo estar atentos en la prevención de una infestación sino a un ataque sorpresivo de Varroasis en cualquier época del año, por tratarse de una enfermedad no estacional”, y redondeó el concepto “muchas veces, más allá de los monitoreos que podamos hacer, existen momentos en el año apícola en los cuales por diversos factores externos (climáticos, temporales, nutricionales) el apicultor debe tener bajo la manga una posible cura fuera de tiempo y hasta sacrificar su cosecha en pos de la salud de sus abejas”.
Por su parte desde Bragado, también Provincia de Buenos Aires, Rossana Yanibelli manifestó “el recuento de Varroa lo hacemos a mediados de Septiembre con los primeros días cálidos, a comienzos de la mielada, y principios del otoño”, y describió “el método que utilizamos es tomando generalmente 30 por ciento de unidades por  cada colmenar y el preparado de agua jabonosa, de ahí se estima el porcentaje  de infestación”, en tanto que al momento de hablar de los tratamientos señaló que están teniendo buen resultado con las aplicaciones de acido oxálico gasificado.
En tanto que viajando hacia la localidad de Colonia Prosperidad, Provincia de Córdoba, Lucas Toani remarcó que los monitoreos a campo deben ser casi constantes, y que luego se muestrea dos o tres veces al año. “Antes de cerrar las colmenas, durante la invernada y en primavera”, sintetizó. “Las curas se realizan en Marzo, pero si el monitoreo de cierre dio positivo se repite en Mayo, mientras que si dio negativo se cura nuevamente en primavera”, y remarcó “utilizó todo sintético, alternando Amitraz y Flumetrina”.
Con un procedimiento casi idéntico, desde Hurlimgan (Buenos Aires), José Montiel destacó “monitoreo y curo en marzo antes de la llegada del otoño, luego hago control en mayo-junio y si es necesario curo y luego en setiembre- octubre. Trato de rotar la droga y hasta ahora utilizó productos de síntesis aprobados”.
Por último, desde la costa bonaerense Daniel Gómez (EN LA FOTO) destacó que hace monitoreos durante todo el año y que cuando termina la temporada y en la primavera efectúa monitoreos dobles (antes y después de alguna aplicación sanitaria).
En tanto que manifestó que usa productos caseros por una cuestión de costos y porque además tuvo una mala experiencia con la utilización de aprobados, y para finalizar agregó “Al plan sanitario le incorporamos una torta proteica para que invernen muy bien. Estábamos en un once por ciento de mortandad y hoy estamos en dos por ciento con este aporte”.
Es importante destacar que el método elegido casi con exclusividad para monitorear las colmenas consiste en la conocida prueba del frasco, el cual ya fue descripto ediciones atrás por nuestro medio. Sin embargo, Gómez resaltó que en su caso particular también emplea el corte de cera, el cual consiste en tomar un cuadrado de siete por diez centímetros y de ahí se cuentan las Varroas para sacar un porcentaje en proporción a las abejas que hay.
Para finalizar, los especialistas aconsejan que independientemente de los monitoreos que se realicen en el año, todos deben ejecutarse sobre las mismas colmenas.

 

 


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